De la relación entre un maestro y sus alumnos
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«Maestro que no aprende de su alumno,
no será tan maestro como molesto».
–De la nada a la tragedia.
No dedicaré aquí grandes esfuerzos para explicar la caída en desgracia de la tradicional relación dialéctica entre un maestro y sus discípulos. Baste por ahora señalar su obsolescencia a tenor del surgimiento de una nueva sensibilidad. En cambio, prefiero esbozar por qué me parece en todo incompatible con los lineamientos más fundamentales de la reología, siquiera someramente. Comenzaré señalando los motivos por los que dicha relación ha quedado desfasada y continuaré esbozando un dintorno de lo que, en mi opinión, supone el modelo de relación que reclama hoy el ámbito de la investigación en general.
Decir, primero, que esta relación dialéctica entre maestro y discípulos implica de plano una relación asimétrica y claramente diferenciada entre quien posee las respuestas y quienes aún las están buscando. Dialéctica que tiende a explotar esta asimetría —que, por otra parte, es característica de la relación educativa actual— suponiendo la necesaria asimilación y superación que el discípulo habrá de ejercer para completar su formación, y que deja la puerta abierta a la proliferación de grupúsculos escindidos en izquierdas y derechas, ortodoxias y heterodoxas, y otras estructuras similares que conducen, velis nolis, hacia falsos dilemas e infructíferas dicotomías.
Es palmario que la reología no puede seguir replicando este esquema. Por un lado, porque se piensa como herramienta y no como filosofía de autor, es decir, como infatigable erotética que acompaña a lo real en su dinamismo y no como recetario dogmático de axiomáticas respuestas. Pero cabe alegar, además, la siguiente razón fundamental: si lo real es trascendentalmente κοινωνία (comunidad), la investigación fundamental de lo real que aspire a ser físicamente responsable deberá desplegarse ella misma de forma comunitaria, como bien señaló mi compañero Lucas en otra Nota. Y es al investigar en comunidad como descubrimos, como una ineludible y patentemente sentida realidad, que aquella relación pétrea entre maestro y discípulo ha perdido ya toda su firmeza.

De la comunión como principio metodológico de la reología, por Lucas Cañoles Cuevas.
Aquella relación pétrea entre maestro y discípulo ha perdido ya toda su firmeza.
Primero, porque no conviene hablar ya de discípulos en la medida en que se consideren receptáculos vacíos, pasivos y acríticos de alguna privilegiada o perenne sapiencia. Y, segundo, y a mi parecer más importante, porque al haber perdido tal fuerza la susodicha relación nos vemos instados a reconocer que el maestro, si bueno, ha de estar pensando y aprendiendo continuamente con y de sus alumnos en pos de aquella realidad que nos excede a todos. De manera que no cabe hablar más de una relación dialéctica, sino más bien de una relación analéctica entre un maestro y sus alumnos. Y será analéctica por razón de integrar a las partes sin necesidad de asimilar por principio una a ninguna otra.

Pero es que, además, hilando fino, habría que decir que investigar en comunidad implica el cultivo de los lazos que entretejen una comunión epistémica (si se me permite la expresión), en la cual, aunque en grados diferentes, quedan todos sus integrantes como maestros y alumnos de los demás; es el culmen de esta relación analécticamente considerada. «Comunión» no señala aquí un monótono y asfixiante pensar homogéneo, ni tampoco una amalgama de inconexas heterogeneidades, sino, antes bien, el esfuerzo comunicativo como elemento mediador de perspectivas, esfuerzo capaz de armonizar —sinceridad mediante— sus disonancias en aras de enriquecer nuestra comprensión de lo real.

Los solidarios, construcción de un libro de filosofía, por David Higuera Flechas.
Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no quepa hablar en absoluto de maestros y alumnos o aprendices. Creo hablar en nombre de nuestra comunidad cuando afirmo la especial importancia de la vocación y el compromiso de Carlos Sierra-Lechuga, fundador, y Gerardo Trujillo-Cañellas, a la hora de acompañar a quienes, como yo, se han iniciado más recientemente en los andares de la reología filosófica. La cuestión se juega en los gradientes. Y aunque estrictamente, en comunidad, la relación se debilite, tal vez pueda hablarse de algo así como un primus magister o ὁ πρῶτος διδάσκαλος, o tal vez sea innecesario proliferar más términos habiendo entendido el significado.
Sea como fuere, en comunidad lo aprenderemos. Una cosa tengo clara: el primer y último magister, común a todos cuantos aspiramos a ser físicamente responsables, es la realidad. Mueran hoy los discípulos para que renazcan en sempiternos alumnos.
Autor: ⬑

Luis Valenzuela Martínez, reólogo de la realidad artística
Bachiller en Filosofía Eclesiástica por la Universidad Pontificia de Salamanca. Estudiante del Grado en Filosofía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, España. Asistente de Coordinación en Filosofía Fundamental. Miembro del Seminario Permanente de Reología.
Áreas: metafísica, filosofía de la literatura, filosofía del arte.



La presente exposición pretende realizar una evaluación, así como una indagación, sobre aquella idea reológica de “lo físicamente responsable”. Para ello, se toma el caso de Nietzsche y se observan los innegables cruces con el debate científico de su tiempo subyacentes, en cierta medida, a las principales ideas de su filosofía. ¿Puede filosofarse de espaldas a la ciencia? ¿La filosofía requiere necesariamente de la ciencia para proceder? Para atender a estas cuestiones resultará ineludible prestar atención a la historicidad de las preguntas.
La pregunta sobre Dios es uno de los temas que compete a la filosofía, la cual a lo largo de su historia ha intentado responder de diferentes formas. En el presente trabajo analizaremos algunas de estas respuestas cuyo sustento es de carácter lógico y otras cuyo sustento es de carácter físico. Es decir, unas van por la vía lógica (del logos) de investigación y otras por la vía física (de physis). Dentro de este último ámbito podríamos ubicar a la reología como la nueva herramienta de investigación filosófica que pudiera ser utilizada para tratar de responder en la actualidad de forma físicamente responsable a la pregunta por Dios desde la filosofía.
La intención del presente escrito es la de proponer una nueva manera de tratar el análisis del fenómeno de la complejidad social mediante el uso de la reología. Para ello, el texto se dividirá en dos momentos: en una primera parte me propondré definir las categorías de sociedad (entendida como sistema) y de complejidad social. En un segundo momento, tras una revisión de los limitantes que presentan dichas teorías, intentaré proponer una nueva forma de analizar el problema bajo la perspectiva la reología, más específicamente desde lo expuesto por reólogos como César Rodríguez en “La tríada modal de la estructuración: una herramienta reológica” (2022) y Carlos Sierra-Lechuga en “Estructura y realidad, una investigación de reología” (2022).
En física, la acción es una magnitud escalar de la que pueden derivarse las ecuaciones de movimiento de un sistema a través del principio de mínima acción. Este principio es una de las leyes más generales de la física teórica y encuentra su confirmación en regímenes que abarcan desde la mecánica clásica hasta la mecánica cuántica y la relatividad. Sin embargo, es una de las más controvertidas desde el punto de vista filosófico. Dada su aparente transversalidad resultan especialmente interesantes sus implicaciones metafísicas y es por ello que realizaremos una aproximación reológica al asunto de la acción física, asumiendo lo hasta ahora descubierto con esta herramienta filosófica y confrontándolo con las conclusiones que podamos alcanzar.
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La presente conferencia pretende continuar con aquella empresa anunciada en Antropología y reología. Comienza sintetizando algunos hallazgos allí expuestos; el experienciar y su fundamento en la condición estrictamente corpórea del humano. Luego, se lleva a cabo un análisis de su carácter corpóreo enlazándolo con el comportamiento, actividad por la cual el cuerpo está ya en un medio probando realidad, esto es, experienciando. Se plantea la exigencia de desestimar la noción behavouriana de comportamiento y las nociones tradicionales en las que «cuerpo» es mero vehículo entre estímulo y “mente”. Comportamiento no es el momento por el cual hay experienciar, donde cuerpo y medio son como elementos ajenos; más bien, comportamiento es el ya estar siendo del organismo humano en el medio en que es viable.
La triada modal de la estructuración distingue formalmente la extrastructuración, la conestructuración y la transestructuración en tanto modos de una única estructuración real. Ahora bien, además de afinar y afianzar las definiciones, deben asimismo aclararse otras cuestiones. El propósito de la sesión será, además de retomar las nociones fundamentales de la triada, el de afianzar las siguientes cuestiones: lo constitutivo y lo constitucional; lo ulterior y lo citerior; el campo “logal” y el campo “de efectividad”; la actualización y lo actualizado. En definitiva, se pretenderá concluir que el tipo de pregunta de investigación que se responde con este método es la de qué sistema/s, en virtud de qué dinamismos, se está actualizando en unas notas-de posicionadas de cierta manera.
La modalidad de re es habitualmente tratada dentro de la ontología analítica, que tiene a su disposición una herramienta: la estructura semántica bidimensional que se enfoca principalmente en la interacción de los conceptos (o el análisis conceptual). Desde ahí, reduce la realidad a objetos “puros”, es decir, no pretende, ni se lo propone, brindar una explicación a partir de lo que la evidencia empírica va mostrando en el camino investigativo, sino más bien ajustar el “mundo real” al de los espacios lógicos. Sin embargo, aquí presentaré una explicación diferente a cómo la modalidad debería recoger la estructuración dinámica de lo real. Mi propuesta pretende reconstruir y redefinir la modalidad de re a partir de tres elementos: la tríada modal de la estructuración, la estructuración cognitiva y la lingüística no conceptiva.
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