Los solidarios, construcción de un libro de filosofía
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El pasado 29 de julio, se realizó la presentación del libro “Filosofía y realidad: Metafísica físicamente responsable. Volumen 1: El problema metafísico” (2025, Madrid: Ediciones de Filosofía Fundamental) por parte del Centro Autónomo de Investigación y Docencia Filosofía Fundamental. Este texto, autoría del Dr. Carlos Sierra-Lechuga, es la primera parte de una trilogía que se propone presentar sistemáticamente el asunto, por una parte, de la necesidad de pensar la metafísica desde parámetros distintos a los disponibles y, además, la alternativa de la reología como una herramienta filosófica físicamente responsable que, por lo tanto, sería capaz de sortear dicha necesidad. Lo cierto es que no es posible tratar el maremágnum de asuntos y pormenores teóricos de un libro tan robusto –tanto por su extensión, como por los temas que trata– en un espacio como este, ni es la intención.

Quisiera más bien escribir sobre dos asuntos muy puntuales que me son de interés. El primero, hablar de mi propia experiencia como partícipe de su proceso editorial, un asunto del que afortunadamente hice parte y que vale la pena hacer mención. No lo hago por algún tipo de alarde, sino más bien porque quiero puntualizar un asunto que se trata en el mismo texto. Mienta el libro que “Justamente por este fondo común de lo real, y dada la complejidad epistemológica creciente a la que hemos hecho alusión antes, el metafísico hoy se ve obligado a trabajar en equipo: en comunidad (κοινωνία). Hoy no puede haber metafísicos solitarios, más bien los que haya, bien entendidas estas líneas, serán metafísicos solidarios.” (cursivas propias. Sierra-Lechuga, 2025: 95-96).
Lo cierto es que estas palabras se hicieron muy patentes en la construcción del libro. Cada reunión, cada espacio de revisión y preparación del libro, se convirtieron también en ocasiones para la propia formación, pues íbamos revisando, página por página, las tesis construidas y observábamos cómo –algo que también se menciona en el libro– mucho de lo que se ha venido exponiendo obedecía a un trabajo de años que se fue construyendo en base a un constante debate en espacios como nuestro Seminario Permanente de Reología, o los distintos cursos y espacios que hemos ido trabajando como institución. Pero es que además íbamos notando cómo ese trabajo en equipo abría perspectivas, nos ponía en la incómoda situación de revalorar, de rumiar una y otra vez las expresiones, el uso del lenguaje técnico, tan acostumbrado en la academia, para ser lo más amigables posible con el futuro lector –eso sí, sin perder el rigor académico que merecen los temas trabajados en el mismo–. No es como si a lo largo de mi vida como estudiante y ahora como investigador en filosofía me haya visto en la tarea de trabajar en la publicación de libros, por lo que hablaría desde la ignorancia si me pusiera a comparar con otros procesos, pero algo de lo que sí puedo hablar con la propiedad que da el haber vivido en carne propia la edición de este documento es que, cuando el autor escribe ese pasaje que me he permitido citar, en verdad lo aplicaba a la hora de redactar su obra.
Por este fondo común de lo real, el metafísico hoy se ve obligado a trabajar en equipo: en comunidad (κοινωνία). Hoy no puede haber metafísicos solitarios, más bien los que haya serán metafísicos solidarios.
La solidaridad, al menos en este caso, no es entonces una de esas categorías muletilla, que sirven para quedar bien entre pares académicos, pero que a la hora de la verdad poco o nada tienen que ver con la realidad de las investigaciones. A lo que voy, para no expandirme de más, es que si bien no me vi en la tortuosa tarea de redactar y construir el libro –soy más bien un feliz espectador del proceso y un orgulloso lector del resultado–, puedo dar cuentas con mi propia experiencia de que mucho de lo que se dice no es algo así como esquemas ideales de lo que debería ser una investigación filosófica que se digne de ser llamada reológica, sino más bien un testigo objetivado del modo como, por años, hemos procedido y buscamos proceder quienes creemos en este proyecto.

Lo segundo que quiero mencionar, que tal vez poco tendrá que ver con lo anterior, es algo que a mí personalmente me parece fundamental. Bien sea porque es de mi interés investigativo, de mi ruta de conocimiento, bien porque es más que evidente el énfasis en ello en el libro. Quiero hablar brevemente del asunto de lo social. La crítica que trabaja el texto al respecto de la vía del logos refiere constantemente a las consecuencias –muchas veces obviadas– del modo de pensar que nosotros (occidentales u occidentalizados, como se quiera nombrar) vivenciamos. Ya sea en el modo tan propio de nuestras lenguas romances de nombrar al mundo, o en el afán devorador por considerar al mundo como nuestra fuente de materias primas; o incluso, también, en la manera en la que lo otro o los otros son vistos desde el punto de vista del nosotros. Simples ejemplos de un problema complejo y con muchas aristas.
Casos, insisto, no son pocos, pues es un tema álgido de estos nuestros tiempos tan convulsos, pero que, para efectos de la reología como proyecto de investigación metafísico, es fundamental. De ahí lo interesante –diría coloquialmente, la chicha– de lo que tiene que decir la reología frente a lo social. Y es que, a diferencia de lo que muchas veces se acostumbra, para la reología “hacer ‘filosofía social’ no es solamente ‘reflexionar’ sobre cuestiones de contingencia social, una suerte de periodismo filosófico sobre los temas de actualidad, sino hacer metafísica de la sociedad, de la dimensión social de lo real en tanto que trascendental” (Sierra-Lechuga, 2025: 359). Que lo social no es un pretexto para hablar de sistemas de pensamiento, más bien que lo social es el tema del que debemos hacer escucha activa para, en últimas, hacer metafísica, es lo que merece interés. Y es que la realidad –social en este caso– muchas veces duele, es innegable. Y nos hemos tomado tantas molestias para creer que el pensamiento debería estar depurado de este avasallador y muchas veces humanizador dolor que nos hemos ido olvidando (no todos, no siempre) que tras ver –también, por qué no, vivir– lo que pasa y, al hacerlo, sentirnos impelidos: i.e. enojados, frustrados, dolidos, que precisamente es así como conocemos, con las tripas.

Lecciones caninas sobre la libertad,
por David Higuera Flechas
Cuando yo empecé a sentarme a leer y escribir lo hice porque mi mundo, este que fue puesto de terceras (vaya uno a saber dónde están ese primero y ese segundo que en algún momento “nos ganaron” la carrera), me con-movió a preguntarme del por qué de las cosas, y no encontré otra manera mejor de hacerlo que desde la filosofía. Y tanta filosofía me fue haciendo caer en cuenta de la maraña de supuestos y preconceptos que no sólo nublan nuestras razones, sino que además imponen un muy acomodado modo de hacernos mundo, uno que ponía a unos en gran desventaja frente a los otros. Cuantas veces no he sido víctima y victimario de esos sistemas que ven lo distinto como peligroso, que a muchos les impone ese complejo de hijo de puta (en palabras de Fernando González), esa dramática realidad de los nadies (que expresa Galeano) para quienes valen menos sus vidas que las balas que los matan; los que no son normales y que, por lo tanto, parecieran no merecer ser felices (tal y como retrata el poeta cubano Roberto Fernández Retamar). En fin, esos resabiados que no tienen espacio en ese mundo tan uniforme y hermoso al que cada vez le caben menos personas. Si hay algo que pudiera rescatar de la lectura del libro, es que me queda la sensación de que una filosofía que se ocupe responsablemente de tantas realidades invisibles puede y debe ser planteada; no como algo ya acabado, no como algo que deba ser propuesto con rigor impositivo –pues es más bien algo impelido–, pero, eso sí, como un llamado a esos tan normales para:
que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.(Fernández Retamar, Felices los normales).
Si entre los lectores de esta nota hay algún interesado por la realidad, lo invito a leer el libro, bien sea para criticarlo, bien sea para conocer otras perspectivas investigativas, pues hay asuntos que merecen ser tenidos en cuenta a la hora de hacer filosofía y que este libro se esfuerza por hacer evidentes.
Autor: ⬑

David Fernando Higuera, reólogo de la realidad histórica
Docente e investigador en Filosofía Fundamental. Maestro en filosofía latinoamericana por la Universidad Santo Tomás (USTA, Colombia). Licenciado en filosofía y lengua castellana por la misma universidad. Sus intereses investigativos se enfocan en la metafísica, la obra de Xavier Zubiri y la filosofía social y de la historia. Miembro del Grupo internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso.
Áreas: metafísica, filosofía de la historia, filosofía social.

La presente exposición pretende realizar una evaluación, así como una indagación, sobre aquella idea reológica de “lo físicamente responsable”. Para ello, se toma el caso de Nietzsche y se observan los innegables cruces con el debate científico de su tiempo subyacentes, en cierta medida, a las principales ideas de su filosofía. ¿Puede filosofarse de espaldas a la ciencia? ¿La filosofía requiere necesariamente de la ciencia para proceder? Para atender a estas cuestiones resultará ineludible prestar atención a la historicidad de las preguntas.
La pregunta sobre Dios es uno de los temas que compete a la filosofía, la cual a lo largo de su historia ha intentado responder de diferentes formas. En el presente trabajo analizaremos algunas de estas respuestas cuyo sustento es de carácter lógico y otras cuyo sustento es de carácter físico. Es decir, unas van por la vía lógica (del logos) de investigación y otras por la vía física (de physis). Dentro de este último ámbito podríamos ubicar a la reología como la nueva herramienta de investigación filosófica que pudiera ser utilizada para tratar de responder en la actualidad de forma físicamente responsable a la pregunta por Dios desde la filosofía.
En física, la acción es una magnitud escalar de la que pueden derivarse las ecuaciones de movimiento de un sistema a través del principio de mínima acción. Este principio es una de las leyes más generales de la física teórica y encuentra su confirmación en regímenes que abarcan desde la mecánica clásica hasta la mecánica cuántica y la relatividad. Sin embargo, es una de las más controvertidas desde el punto de vista filosófico. Dada su aparente transversalidad resultan especialmente interesantes sus implicaciones metafísicas y es por ello que realizaremos una aproximación reológica al asunto de la acción física, asumiendo lo hasta ahora descubierto con esta herramienta filosófica y confrontándolo con las conclusiones que podamos alcanzar.
En esta ponencia se intenta ofrecer una definición tentativa sobre la «realidad digital». Se contrastarán algunas otras definiciones que se han dado sobre este tipo de realidad a lo largo de los años (como ciberespacio, flujo de información, imagen interactiva, realidad «virtual») y sus elementos (objetos digitales, contenidos multimedia) para después proponer un acercamiento reológico a la realidad digital que la logre abordar como una estructura física, dinámica, abierta y respectiva, en lugar de una visión ontológica o fenomenológica.
Partiendo del recorrido realizado en el Seminario internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso, pretendemos compartir el itinerario y primeros resultados de una investigación reológica sobre la complejidad de lo real. Para ello, después de una sucinta indicación metodológica de la vía de la investigación y de señalar la complejidad como asunto investigado, trataremos de responder si podemos sostener que la complejidad es un carácter de lo real, fundamentada en el dinamismo intrínseco de lo real, así como si esta res acusa una respectividad de las cosas, y un “más” que nos insta a investigar.
La inteligencia artificial ha ocupado un espacio privilegiado en el surgimiento de nuevas tecnologías en las últimas décadas. La presente conferencia tiene como propósito reflexionar en torno a la capacidad de las computadoras de convertirse en “agentes inteligentes» a través del uso de sistemas como machine learning o deep learning. Se revisarán desde una perspectiva reológica las dificultades de los postulado de la inteligencia artificial, según el cual las máquinas tienen la capacidad, a través del uso de algoritmos, de aprender y utilizar lo aprehendido en la toma de decisiones tal y como lo haría un ser humano, a luz del problema de la logificación de la inteligencia y la entificacion de la realidad.
La presente conferencia pretende continuar con aquella empresa anunciada en Antropología y reología. Comienza sintetizando algunos hallazgos allí expuestos; el experienciar y su fundamento en la condición estrictamente corpórea del humano. Luego, se lleva a cabo un análisis de su carácter corpóreo enlazándolo con el comportamiento, actividad por la cual el cuerpo está ya en un medio probando realidad, esto es, experienciando. Se plantea la exigencia de desestimar la noción behavouriana de comportamiento y las nociones tradicionales en las que «cuerpo» es mero vehículo entre estímulo y “mente”. Comportamiento no es el momento por el cual hay experienciar, donde cuerpo y medio son como elementos ajenos; más bien, comportamiento es el ya estar siendo del organismo humano en el medio en que es viable.
La triada modal de la estructuración distingue formalmente la extrastructuración, la conestructuración y la transestructuración en tanto modos de una única estructuración real. Ahora bien, además de afinar y afianzar las definiciones, deben asimismo aclararse otras cuestiones. El propósito de la sesión será, además de retomar las nociones fundamentales de la triada, el de afianzar las siguientes cuestiones: lo constitutivo y lo constitucional; lo ulterior y lo citerior; el campo “logal” y el campo “de efectividad”; la actualización y lo actualizado. En definitiva, se pretenderá concluir que el tipo de pregunta de investigación que se responde con este método es la de qué sistema/s, en virtud de qué dinamismos, se está actualizando en unas notas-de posicionadas de cierta manera.
La modalidad de re es habitualmente tratada dentro de la ontología analítica, que tiene a su disposición una herramienta: la estructura semántica bidimensional que se enfoca principalmente en la interacción de los conceptos (o el análisis conceptual). Desde ahí, reduce la realidad a objetos “puros”, es decir, no pretende, ni se lo propone, brindar una explicación a partir de lo que la evidencia empírica va mostrando en el camino investigativo, sino más bien ajustar el “mundo real” al de los espacios lógicos. Sin embargo, aquí presentaré una explicación diferente a cómo la modalidad debería recoger la estructuración dinámica de lo real. Mi propuesta pretende reconstruir y redefinir la modalidad de re a partir de tres elementos: la tríada modal de la estructuración, la estructuración cognitiva y la lingüística no conceptiva.
En esta indagación reológica se profundiza en lo que se entiende por masa a la luz del conocimiento científico contemporáneo, explicando la aparición de la masa y, por tanto, del espacio y del tiempo, en un universo inicialmente exento de ella. Se pretende concluir con que la aparición del tiempo y el espacio en el universo material es una consecuencia de una comparación entre dos estados de configuración diferentes y sucesivos en el proceso dinámico de transformaciones irreversibles que tienen lugar en las partículas elementales dotadas de masa. En definitiva, masa, tiempo y espacio son notas constitutivas de todas las realidades materiales que, por su carácter actual estructurado y estructurante, acusan una realidad dinámica y, por tanto, material espacio-temporal.