Filosofía Fundamental

Seminario Permanente de Reología

Protocolo de la tercera sesión de la tercera temporada
(SPR, T3, S3)


Nota: Este protocolo cumple una función de registro, no refleja enteramente todo lo ocurrido en la sesión, sino que sólo indica puntos esenciales. En ningún caso este y los otros protocolos sustituyen los textos académicos sobre reología, muchos de los cuales pueden hallarse en la Revista de Filosofía Fundamental.


Protocolo

  1. Continuando con la exposición de los apartados del texto en cuestión, se tratan los capítulos 7, el excurso sobre reología y ciencia y, finalmente, el capítulo 8. Respecto del capítulo 7, se sostiene que la reología es un filosofar que prueba lo que dice. Esto se dice en contraposición con otros modos de filosofar que se pueden clasificar como a priori.
  2. A diferencia de las filosofías a priori, que hacen uso de herramientas puramente conceptuales para plantearse sistemas que buscan «representación» del mundo, la reología reconoce que la sola razón no es garantía suficiente para lograrlo tratar con lo real. Se sigue que en el quehacer reológico haya una exigencia por contrastar la investigación que se desarrolla con aquello que en la investigación es acusado: la realidad. De esto se hablará más adelante.
  3. Dado que un proceso de investigación filosófico basado en el mero ejercicio de la razón es insuficiente para la reología, pues no hay una contrastación directa entre la investigación y aquello que se investiga, se hace patente la necesidad de tender un diálogo constante con las distintas ciencias, pues es en ellas donde se problematizan los dinamismos y estructuras de la realidad. Esta exigencia se hace evidente en varios de los trabajos que han hecho uso de la reología como herramienta para filosofar, pues en ellos hay un constante diálogo con los conocimientos científicos.
  4. El diálogo de la filosofía con las ciencias se construye entonces con base en un principio de responsabilidad con aquello que se investiga (o, como se dice técnicamente, es el principio metafísico de responsabilidad física), pero ello no quiere decir que se conciba a la filosofía como un discurso de segundo orden que trate a las ciencias como su problema fundamental (filosofía de la ciencia), o que se haga una filosofía de corte cientificista (como lo harán filósofos como Mario Bunge). Dicho esto, cabría concluir que la reología es un hacer eminentemente filosófico, y que el diálogo con las ciencias viene de la necesidad intrínseca de hablar de la realidad con más herramientas que las meras concepciones racionales (logicistas).
  5. En lo que respecta al apartado número 8 del texto, se dirá que la reología es una herramienta tradicional. Su contradistinto, el tradicionalismo, es una tendencia avocada a identificar el quehacer filosófico como un comentario de texto. Dicha tendencia tiene sendas consecuencias en lo que respecta al desarrollo de las investigaciones en filosofía; se distinguen como mínimo tres consecuencias derivadas del tradicionalismo, a saber: una tendencia a fetichizar a los autores, la descontextualización de los distintos filósofos y sus propuestas, y la citación desmesurada de textos, sin hacer el debido tratamiento de las fuentes.
  6. Como hemos dicho, estas tres consecuencias tienen en común la tendencia por ver al quehacer filosófico como un comentario de texto, más no como un proceder efectivo que dé cuenta de la realidad. De allí nace la propuesta de la reología como una herramienta de corte tradicional. El carácter tradicional de la reología, entonces, consistirá en un intento por superar las tres consecuencias del tradicionalismo, respetando la tradición filosófica y proponiéndose la ardua tarea de comprender el dinamismo histórico de la misma, para situar a los autores con base en los problemas que en su momento les eran acuciantes.
  7. Volviendo a lo dicho en el punto 2, se trae a cuento una analogía según la cual quien usualmente investiga en filosofía requiere de lápiz y papel, mientras que el científico requerirá de lápiz, papel y papelera. El recurso de la anterior analogía hace patente la diferencia entre un modo de investigar a priori y uno probativo (típico del quehacer científico, junto al del reólogo, en su intención de hacer filosofía de manera responsable). En otras palabras, aquella distinción entre quien investiga mediante el uso de la razón de quien investiga mediante la probación con aquello que es acusado, no es otra que, mientras que el primero busca crear sistemas cerrados y universalmente válidos desde los cuales pueda explicarse la realidad como un todo, los segundos hacen una investigación tentativa (van a tientas, buscando, ensayando), sujeta a variaciones y modificaciones en razón de las nuevas evidencias que arrojen las investigaciones que se realicen.
  8. Se sigue de lo anterior que estos dos modos de hacer investigación no son nuevos, y ya desde tiempos de Aristóteles han sido puestos en consideración: el primer modo de investigar, el a priori, se identificará con la llamada vía lógica; mientras que el segundo modo de investigar, la probación, hace referencia a la vía física.


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