De los realismos de partida y de llegada: una contribución a su comprensión

Notas de realidad

reología

por César Rodríguez
Málaga, España
14 de septiembre de 2022

El objetivo principal de esta nota es el de ofrecer una tematización esclarecedora sobre las expresiones, aparecidas en más de un artículo sobre reología de Carlos Sierra-Lechuga, «realismo de partida» y «realismo de llegada». Pero antes de ello, me veo obligado a dar un rodeo con el fin de justificar contextualmente esta tarea.


Revisa el artículo: Reología y realidad: el problema de los realismos


Muy a menudo, y de manera natural, se emplean tanto en textos académicos como en charlas divulgativas expresiones que en cierto modo se alejan de una formulación técnica y de una pretensión de precisión y de evasión de la equivocidad. Su uso no es caprichoso, ni vago, ni siquiera falto de rigor. En la mayoría de los casos, la finalidad es la de un esclarecimiento pedagógico. Es el decir lo que se quiere decir, para ofrecer una aproximación al eventual tecnicismo, formalismo, u otras nociones que sí pretendan ser precisas e inequívocas (en la medida de lo posible). Cuando ocurre un uso reiterado y estandarizado de estas fórmulas tomadas del lenguaje corriente, eventualmente llegan a poder considerarse, también, tecnicismos más o menos equiparables o sinónimos de aquellos a los que en un comienzo acompañaban instructivamente. Pues bien: en mi opinión, este es el caso de «realismo de partida» para con «realismo noológico» (RN, técnicamente) y de «realismo de llegada» para con «realismo reológico» (RR, técnicamente también).

En algunos diálogos y debates con personas interesadas en la reología han aparecido, como es esperable, estas expresiones. Quizás precisamente la familiaridad de las palabras que las componen ha provocado una situación de confusión en cuanto al sentido que en su preciso uso portan. Contra toda intención, se ha llegado a caer en círculos viciosos de oscuridad en los que las continuas aclaraciones, cuyo presupuesto es el de evitar confusiones y malentendidos, no han obtenido nada para con su propósito. Todo encuentro de este tipo, y me lo digo también a mí mismo, debería implicar un esfuerzo de comprensión que pasa, en la medida de nuestras humanas posibilidades, por no «traernos demasiado a nuestra orilla», por no «familiarizar en exceso» las nociones. El hecho de que se trate de expresiones más o menos coloquiales (y no estrictamente técnicas), mezclado a veces con las limitaciones espaciales, temporales, y otras, del medio o contexto de comunicación, pasa por ser un caldo de cultivo para el extravío semántico y la digresión vana. Acaba pareciendo que las bienintencionadas aclaraciones son las que han puesto el palo en las propias ruedas, y en mitad del accidente, frenar ya no es una opción.

Pero sí que es una opción, tras la caída, y si la bici no está rota, pedalear uno con más calma. Y en esta calma se hace necesario, para todos los usuarios de la vía, pedirnos un esfuerzo comprensivo. Este esfuerzo consiste en tratar de ver (y hacer ver que se ha visto) lo que las pedagógicas expresiones pretenden decir y a la filosofía a la que corresponde. Esto no pasa por asumir las premisas: se puede negar la mayor, por supuestísimo. Tan solo, y me repito: ver y hacer ver que se ha visto, sin más. Un cuento, por supuesto, que todos deberíamos aplicarnos. Y dicho todo esto, ahora sí, trataré de entrar en las partidas y las llegadas.

Recuérdese, o téngase presente, que el origen de estos sintagmas es el de perfilar el «tipo» de realismo que ejercita la reología. Está dicho, y se seguirá diciendo, que no nos es suficientemente válido como «criterio definitorio» del realismo el de la asunción, presuposición o postulación de una «zona de cosas independientes de la mente» como el conjunto de las cosas reales, i.e., la realidad. Llamaré aquí a las visiones que tienen ese criterio, o aproximadamente ese, «realismo estándar». Sin embargo, realidad es, para nosotros, carácter y no zona o conjunto, es «de suyo», es rea de la res, etc., lo cual también está muy dicho y, con seguridad, se seguirá diciendo. No obstante, sí se podría, sin mucho riesgo, sostener que hay al menos dos preguntas de investigación que señalan campos de estudio que serían comunes tanto a los realismos «estándar» como a nosotros: la pregunta por en qué consiste la realidad y la pregunta por si aprehendemos o no (o en qué medida) realidad. Más latamente, habría otro enunciado, en parte sintético o unificador de ambas preguntas, sobre el que me atrevo a decir que también todos los realistas estarían de acuerdo. Este es: hay realidad

Resulta que, dicho muy groseramente, desde el «giro copernicano» en la filosofía, un problema crucial que hay que atajar es el de la aprehensión, la intelección, la experiencia, el conocimiento, el saber, etc. Me referiré indistintamente y sin detallar a esto como el asunto de la aprehensión. Simplificando, porque tampoco es ni posible ni deseable tratar pormenorizadamente de eso aquí, desde la época de la Crítica el así llamado ordo cognoscendi es, dígase, más urgente o incluso más primario en cuanto a su justificación que el ordo essendi. Algunas exaltaciones del criticismo se acantonan tanto en esta primordialidad de la justificación de la aprehensión que llegan a ignorar, o poner en tela de juicio, o a invertir lo relativo al orden de las cosas, al orden de la realidad como tal, al ordo realitatis. Solo se quedarían con lo que puede saberse y en tanto pueda saberse. No es nuestro caso (el de los reólogos). Mas el testigo que sí hemos decidido recoger, bajo la argumentada convicción de que con ello somos filosóficamente responsables, es el de que se puede llamar partida de la investigación a la justificación de la aprehensión, desde ella misma, para, eventualmente, llegar en ella a las cosas. Por supuesto que, en grandísima medida, fundamentaremos filosóficamente, explicativamente, reológicamente, la propia aprehensión una vez hayamos llegado a las cosas. O bueno, trataremos de hacerlo, iremos probando. Pero lo haremos con la tranquilidad de no haber tenido que presuponer ciertos rasgos cruciales, primerísimos, de las cosas, sino que habremos constatado que ya la propia aprehensión nos da claves para probar (saborear) las cosas tranquilamente.


Revisa el Breve tratado de reología apto para todo público


Lo único que estoy intentando decir es que hemos querido asumir la tarea histórica de partir de la aprehensión para no ser ingenuos. Entonces, si, de manera vaga e imprecisa, podemos decir que todo realismo conviene en que «hay realidad», podemos llamar que nuestro realismo de partida es aquel momento de la investigación en el que se prueba que hay realidad desde la propia aprehensión. Y, por tanto, es el proceso investigador que abarca gran parte de, pero no agota, la pregunta por si aprehendemos realidad (respuesta corta y provisional: sí) y en qué medida. Repito: es realismo porque muestra que hay realidad; es de partida porque lo hace desde la aprehensión, a través de un análisis de la misma. Al método que cristaliza el realismo de partida llamamos noología. La noología nos ayuda a ver que nuestra aprehensión es siempre aprehensión de realidad, y que esto significa que las cosas aprehendidas quedan como de suyo. Implica muchísimas más cosas, que si se quieren saber basta con leer la trilogía de Inteligencia Sentiente de Xavier Zubiri y echar un ojo a los muchísimos textos de distintos autores en torno a la misma. Sería deseable que en algún momento nosotros mismos ofreciésemos un curso de noología. Hasta entonces, sobra con el material ya disponible.

Así pues, la partida ya nos pone ante el hecho palmario de que las cosas aprehendidas son aprehendidas en tanto que de suyo, en tanto que reales. A diferencia de otras vías, dígase, fenomenológicas (no todas) que no se veían capaces de afirmar que el análisis de los actos de conciencia nos colocaba frente a la realidad en propio, la noología sí que se atreve, y justificadamente, a afirmarlo. Por lo tanto, se obtiene que en la propia partida hemos llegado a la realidad de las res. Por mucho que yo escarbe y rasque entre los entresijos más estrictos de la aprehensión y menos comprometidos con asunciones auxiliares para con la misma, no podré ver que no esté ante la realidad de la res. Es impepinable que lo aprehendido queda como real. Repito: hemos llegado a la realidad; claro que siempre hemos estado en ella, desde la partida. Ahora puedo contestar a la otra pregunta, la de en qué consiste la realidad. Y aquí diré, desdiré, y volveré a desdecir lo dicho y lo desdicho. Porque es una pregunta muy diferente la de cuál es la realidad de la res, a aquella de si lo aprehendido lo es en tanto que real. Averiguar mentiras, fantasmas, equívocos, errores, accidentes, creencias, etc., tiene que ver con lo primero, puesto que lo segundo, insisto, es impepinable.

El realismo de llegada es «de llegada» porque ya hemos constatado, citeriormente, que la realidad que hay está aprehendida como tal; hemos venido confirmando que estamos en la realidad.

De tal modo que el realismo de llegada es aquel en el que se consuma, propiamente, la reología. Es el estudio, eminentemente explicativo, y filosófico, de la realidad de las cosas. Ya hemos llegado: ahora pongámonos a decir qué son, en qué consisten, estas y aquellas cosas. Es realismo porque se profundiza en el «hay realidad». Es de llegada porque ya hemos constatado, citeriormente, que la realidad que hay está aprehendida como tal; hemos venido confirmando que estamos en la realidad. ¿Volveremos a la aprehensión? Sin duda alguna. Es interesantísimo y pertinentísimo. De hecho, es ahora cuando podemos volver con todo lo propio de una investigación reológica, en la que daremos cuenta de la realidad social, la realidad histórica, la realidad técnica, la realidad biográfica… No antes. O no explicativamente. Sí es cierto que, quizá, en el momento en que nos vemos nutridos de nuevas explicaciones, las formas descritas analíticamente en la noología tomen nuevos carices, tal que se muestren matices y detalles que antes no eran tan obvios. Para cualquiera que estudie con entrega y paciencia el método noológico se verá aproximadísimamente claro que esto no implica ningún grado de confusión entre lo que se dice noológicamente y lo que se dice reológicamente. Por ejemplo: podré decir, noológicamente, y llegado el caso, que la forma de la aprehensión en el «logos sentiente» muestra que la cosa aprehendida es noológicamente campal y por lo tanto implícitamente referida a toda otra serie de cosas comprendidas en el campo, que dotan formalmente de sentido a la cosa aprehendida. Pero lo que no podré decir noológicamente con completitud es que para aprehender una bacteria ha hecho falta un laboratorio, una formación académica, un nivel socio-económico, un desarrollo histórico-científico, etc., porque esto ya implica explicación fundamentante, y esto es algo ya reológico (específicamente de la reología de lo noopráctico). Podré, si acaso, caracterizar la relación formal entre los términos del campo en tanto que términos del campo, qué queda cerca del centro, qué en la periferia, qué fuera del horizonte, cómo se desplaza el campo logal, etc. Y esto de hecho tendrá un valor inmensísimo y de mucho calado para una ulterior investigación de la noopraxis. Pero no dejará de ser nada más, y nada menos, que noología.


Revisa el artículo: Un realismo para la epidemiología


En alguna ocasión, fruto de los debates mencionados al principio, vulnerables a su contexto, y dificultosos, algún interlocutor ha podido confundir la partida en tanto que realismo (esto es, la investigación noológica) con la partida en tanto que conclusión falsada. Así, se ha podido entender que lo que puede convertir al geocentrismo en realismo de partida, y al heliocentrismo de llegada, es el hecho cronológico, histórico o biográfico de ser lo primero una conclusión que es sustituida por lo segundo; como si se dijese que es de partida porque en algún momento fue dicho por algún filósofo o científico, y luego fue corregido. Entonces resultaría que, después, el heliocentrismo sería otra partida, y así indefinidamente. Pero esto es estrictamente incorrecto. Tanto el geocentrismo, como el heliocentrismo, en tanto conclusiones explicativas, mejores o peores, más o menos fértiles, son llegadas. Son respuestas al «en qué consiste esta res, esta realidad». Lo que puede hacer del geocentrismo, y también del heliocentrismo, un realismo de partida no es que sean la respuesta a la realidad de lo aprehendido, sino más bien y si acaso su inversa: si muestran o desmienten que eso aprehendido sea real. Si es válido e interesante el ejemplo del tránsito del geocentrismo al heliocentrismo es porque, noología en mano, nos sirve para ver que el primero no era aprehensión de irrealidades (de fantasmas, de espectros, de disonancias, o lo que se quiera para decir no-realidades). Eran, rigurosísimamente, aprehensiones de realidades. Y en un momento histórico-cultural determinado, una serie de eventuales llegadas de la investigación dieron con fundamentaciones explicativas que corrigieron conclusiones pretéritas para las realidades aprehendidas, algunas viejas, otras nuevas. Lo que haría entonces, y al igual que en el caso anterior, del heliocentrismo algo analizable en tanto realismo de partida es el hecho de poder constatar noológicamente que lo que es aprehendido bajo el rótulo «heliocentrismo» es algo real, y en tanto que real, en la propia aprehensión.

Vuelvo a repetir, como conato de conclusión: es realismo de partida, noología, todo aquello que contribuya al análisis de la aprehensión a través del cual se plasma que lo aprehendido queda, palmariamente, como real; y es realismo de llegada, reología, toda aquella investigación filosófica que vaya tratando de fundamentar explicativamente la realidad de la cosa, en qué consiste. Entonces tenemos que, así, o asá, y dicho con un simplismo que, seguro que algún disgusto me costará, todo es partida y todo es llegada. Todo es partida por cuanto la descripción del contenido inteligido no puede sino afirmar que tal contenido es de realidad; y todo es llegada si voy viendo cómo estos contenidos no pueden dejar de abrirme explicaciones, siempre parciales, siempre provisionales. Porque lo que estrictamente hay es una metafísica, que es noología y reología, y por lo tanto un realismo, en el que lo aprehendido queda como, y es, de suyo.

Autor:

César Rodríguez García, reólogo de la realidad viva.
Actualmente, Médico Interno Residente de Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. Graduado en Medicina por la Universidad de Málaga, y Máster en Salud Pública y Gestión Sanitaria por la Escuela Andaluza de Salud Pública (Granada). Miembro del Grupo internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso.
Áreas: filosofía de la salud, teoría de la salud mental, teorías de la causalidad.
En Filosofía Fundamental: https://filosofiafundamental.com/cesar-rodriguez/

14 pensamientos sobre “De los realismos de partida y de llegada: una contribución a su comprensión

  1. Es una Nota de Realidad particularmente confusa e ingenua. Intento analizar las partes que considero más problemáticas:

    1. Dice Rodríguez que la investigación debe partir de la aprehensión, o de lo aprehendido, para no ser ingenuos.

    Decir que la investigación ha de partir de la aprehensión ya es de por sí bastante ingenuo. La investigación no parte nunca de lo aprehendido por mí, sino de múltiples aprehensiones de múltiples aprehensores, y de investigaciones previas. No puede usted poner ni un solo ejemplo de investigación que parta de lo meramente aprehendido. Se parte siempre de las experiencias y conocimientos previos dados en un grupo, comunidad, etc.
    Claro, todos esos conocimientos debo aprehenderlos yo, pero yo los aprehendo siempre junto con otros, por medio de aparatos, de presupuestos, que incorporan implícitamente a los otros… y a las cosas. Se aprehende siempre desde experiencias previas con las cosas… Por tanto no aprehendo primero y luego llego a las cosas, ya estoy en las cosas y aprehendo desde experiencias previas con las cosas.

    En efecto, no parto de la aprehensión y llego a las cosas. Esta dicotomía no responde a los hechos y es inaceptable. Y es inaceptable porque mis aprehensiones tienen lugar siempre y solo a partir de operaciones con las cosas, por lo tanto ya parto siempre de las cosas, en cuanto manipulables, en cuanto ensambables, en cuanto utilizables para multitud de fines, y no solo para mí, sino para el grupo… El mismo Zubiri insiste en ello: hay una congenereidad entre saber y realidad. La aprehensión, el saber, no son previos a las cosas.

    En síntesis, la aprehensión no es anterior a las cosas, ni puede serlo, pues sin cosas que manipular, utilizar, etc, no hay aprehensiones. Además, como intento decir, no se parte de la aprehensión, pues antes de la aprehensión ya hay experiencias previas con las cosas que orientan y guían mis futuras aprehensiones.

  2. 2. Hay una confusión importante en el modo como se analiza el realismo de partida y el realismo de llegada.

    El momento de partida de una investigación no es un proceso individual, psicológico, interno, como parece sugerir el concepto de aprehensión. La aprehensión es la aprehensión de alguien, de un individuo. Pero el momento de partida de una investigación no es un proceso subjetivo, psicológico, por el contrario es un proceso intersubjetivo, comunal, y sobre todo externo: Es un proceso operaratorio, material, en que se manipulan cosas, se opera con cosas, se comparten experiencias, se contrastan y rectifican mutuamente. De ahí que no tenga sentido decir que se parte de la aprehensión.

    De todos modos no se puede afirmar que en una investigación se parte primero de la aprehensión sin aclarar el término aprehensión. Tal como se define en el artículo solo añade más confusión. Se identifica aprehensión con conocimiento y saber, pero el conocimiento y saber ya presuponen logos, justificación y razón (dar razón).

    Se dice que primero es la aprehensión y luego la justificación de la misma y al mismo tiempo definir aprehensión como conocimiento y saber, como si el conocimiento y saber no supusiesen ya múltiples verificaciones y justificaciones previas.

  3. y 3) 3. Se afirma en el artículo que en toda investigación se parte de la aprehensión y que en ese momento de partida todo se aprehende como real.

    Tampoco nos parece que esta afirmación responda a la realidad. En todo proceso de investigación se parte de evidencias previas, de experiencias e investigaciones previas, que han mostrado la realidad de algunas cosas y la irrealidad de otras.

    Ningún psicólogo investiga hoy si la posición de los astros determina nuestra personalidad y nuestro comportamiento. La psicología actual parte de la evidencia de que la conexión entre los astros y nuestra psique es irreal. Y esta irrealidad se impone a cualquier escuela psicológica hoy en día. Y se impone ya en el contexto de génesis, en el contexto o realismo de partida.

    Lo mismo ocurre con los desastres naturales. Ningún geólogo, meteorólogo, etc, lo atribuye hoy a la acción de los dioses. La conexión entre los dioses y el curso de la naturaleza se les impone hoy a los científicos como irreal, tanto que ni siquiera la contemplan. Y se les impone como irreal ya en contexto de partida.

  4. Dice el artículo que es impepinable que lo aprehendido se aprehende como real.

    Sin embargo parece más correcto decir que lo aprehendido se aprehende como realidad meramente aprehendida, realidad meramente inteligida, y por lo tanto como algo meramente de mío, no algo de suyo. Algo que sólo cuando sea aprehendido por otros, y haya demostrado ser contrastable y verificable por cualquiera podrá decirse que es algo de suyo

  5. Resumiendo del modo más pedagógico del que soy capaz.

    El autor parece dar a entender que en una investigación se parte en primer lugar de cómo se me aparecen las cosas a mí, a mi aprehensión, para llegar a qué son las cosas objetivamente.

    Esta tesis es particularmente ingenua por múltiples motivos:

    En primer lugar porque el yo no es lo primero, o lo originario. Lo originario es el nosotros. El nosotros es constitutivo de cada uno de mis actos intelectivos. Mis actos intelectivos son siempre actos que incorporan los actos intelectivos de otros. Mas que hablar de mente, hay que hablar de mentalidad, la mentalidad de un grupo o comunidad. Mi mente no es mi mente, es la mentalidad del grupo o la comunidad actuando a través de mí.

    En segundo lugar porque, relacionado con lo anterior, en ninguna investigación se parte nunca de uno mismo, ni de cómo se le aparecen las cosas a uno. Se parte del nosotros, de cómo se le aparecen las cosas a multitud de sujetos, a través de multitud de aparatos. Mi inteligencia es constitutivamente una inteligencia encarnada que aprehende siempre en común, con esquemas comunes, con herramientas conceptuales comunes y compartidas. En la partida las cosas no son como se me aparecen a mí, sino que son como se aparecen a una comunidad.

    Pero no solo eso sino que la aprehensión ya de partida es una aprehensión inteligente, lógica y racional. Nuestra inteligencia es sentiente y nuestra sensibilidad es inteligente. Que nuestra sensibilidad es inteligente quiere decir que cuando aprehendemos aprehendemos ya desde un marco teórico. Lo que aprehendemos está cargado teóricamente, como nos dice Popper. Cuando percibo el sol, lo percibo desde mi conocimiento del sol, y ese conocimiento, selecciona, criba, y guía mis aprehensiones.

    Por último cuando yo voy a comenzar una investigación, no comienzo por mis aprehensiones. Comienzo donde lo han dejado otros, comienzo desde las teorías previas más potentes. Cuando comienzo a investigar, comienzo desde las teorías que se han impuesto, teorías sobre la realidad de algunas cosas, y sobre la irrealidad de otras. Cuando yo investigo, parto siempre de los caminos que han resultado mejores, pero también de los que han resultado falsos, para no andarlos de nuevo. Parto de lo que se impone como real, pero también de lo que se ha impuesto como irreal, en el curso de investigaciones pasadas, y que ha sido superado.

    Pretender que en el contexto de partida todo se impone con la misma contundencia, o pretender que en el contexto de partida no se cuenta con lo que se ha impuesto como irreal en las investigaciones previas, es negar una obviedad. En el escenario de partida, donde no se parte nunca de cero, sino de donde lo dejaron otros, multitud de mitos, prejuicios, hipótesis y teorías ya se nos han impuesto como irreales en las investigaciones previas. Y ya no contamos con ellas en la investigación. Y esto sí que es impepinable para cualquiera que quiera ser fiel y honesto con el modo como se procede en cualquier investigación.

    1. Muchas gracias Rafael por este comentario y los anteriores. Se hace ver que tomas en serio el debate y que aspiras a un cierto entendimiento mutuo.
      Por otra parte, lamento que sean estas las objeciones que le ves a la nota pedagógica, especialmente por lo que toca a lo que, según se ve en tus líneas, parece que puede entenderse de las mías y que, sin embargo, no es lo que se pretende que se entienda. Responderé globalmente a todos tus comentarios que, aunque varios, parece que siguen todos más o menos la misma visión; trataré de ser breve y ordenado aunque dudo que lo consiga.
      -Hay numerosas objeciones que tienen que ver con resaltar que las investigaciones no comienzan en una especie de punto arbitrario, o incluso una tabla en blanco, que además es de carácter individual-egoico, sino que tienen una partida in medias res que es social, histórica, comunal, tecnológica, etc. Esto es rigurosamente cierto y además ni se ha negado ni se ha contradicho. En conversaciones externas a esta nota se ha indicado que la diferencia estaría en que el estudio de esta contextualidad sería, en lo que respecta a la filosofía, una investigación metafísica y por lo tanto para nosotros reológica (para otros, ontológica). Me consta que esta apreciación la han tenido ya otros. Es decir: que demarcar cómo una investigación particuar, p.e., la de las vías de transmisión de la COVID-19, parte de un pasado histórico-teórico (clasificación de la transmisión de las infecciones respiratorias), circunstancias actuales (pandemia), posibilidades tecnológicas (medidores de CO2, posibilidad de realizar cultivos virales y PCRs en distintos tipos de muestra…) es, filosóficamente, una tarea reológica, pues implica explicar metafísicamente como la res noopráctica ha tenido tales efectividades y no otras, siendo que estas efectividades incluyen programas de investigación y formulaciones teóricas. Ahí se vería que, ciertamente, la realización de un programa de investigación y no otro fue algo coyuntural tal y como lo es cual quier efectividad real, pues toda res es funcional y respectiva. Que por algo estamos en el horizonte de la factualidad.
      -Dicho lo anterior, nada invalida una investigación noológica la cuál no atiende, porque no es su ámbito, a la de las efectividades en tanto tales. Esta diferenciación no es trivial y podría vincularse, por ejemplo, a las motivaciones de Husserl en sus críticas contra el psicologismo. De hecho está justificado entender la fenomenología trascendental como precursor de la noología, siempre y cuando también se reconozca a esta como una reasunción de aquella. En resumen: reconocer la contextualdiad del conocimiento (como de cualquier cosa) no contradice una investigación consistente en el análisis descriptivo de los actos de intelección y sus formas.
      -Se ha acusado de hacer partir la aprehensión de un «yo-individual» y, contra esto, se ha dicho que hay que partir de un «nosotros». Ninguna de estos dos casos me parece que se ajuste a lo que es. De hecho, el reconocimiento de una totalidad egoica, de un yo, es algo sumamente complejo que de hecho quizá habría que encontrar en modulaciones ulteriores de la intelección. Es decir: que no se ha dicho que la aprehensión parta de un «yo» conformado. Se ha dicho, más bien, lo estrictamente mínimo: que hay una aprehensión en la que queda algo como real. Ya se verá ante quién queda, si este algo es percepto, concepto, fundamento, etc. No era el objetivo de una nota pedagógica el de tratar exhaustivamente ni la noología ni el yo ni el nosotros.
      -Relacionado con lo anterior, sigue habiendo desencuentro en lo que se entiende por «de partida». Puedo reconocer que es fácil que se den tales equívocos. ¿Partida con respecto a qué? Si nosotros lo llamamos partida, a mi parecer, es en gran parte por reconocimiento de la herencia criticista y fenomenológica, que en gran parte y entre otras cosas enfatizaron el no poder responder al «por qué» sin antes dirimir el «qué». Y este «qué», «reducido» («llevado a la partida») se caracteriza por un «qué-aprehendido». Sigue sin reconocerse lo suficiente el logro de la noología: mostrar que aun en esta «reducción a la partida» se trata de un «qué-aprehendido-de suyo». Pero incluso aunque se admitiese que la partida no puede consistir en esto, sería también injusto sostener que la partida estricta es el contexto cultural, etc. Si acaso podría admitirse, como partida netamente circusntancial (tempórea, y no formal), la partida vital, a saber: lo que tengo entre manos. Y la comunidad inexorablemente seguirá apareciendo después (y el yo, también, claro está). Me gustaría recordar al respecto una cita de Heidegger en Ser y Tiempo (cito de memoria, seguramente contenga errata): la pregunta por la existencialidad tiene una raíz existentiva.
      -Se sigue objetando la misma noción de realidad. Me parece magnífico que no se quiera admitir nuestra propuesta, y que se trate de argüir que es más ventajosa otra (pretérita o novedosa), pero también me parece injusto lo que percibo como una especie de tergiversación de los propios argumentos para poder reducir a contradicción lo que decimos o no decimos que es real. Se sigue empleando bastante esfuerzo en transmitir esta forma de pensar sobre lo real. Para muestra baste con varias publicaciones de la revista de FF. Puedo admitir que queden flecos pero me cuesta hacer lo mismo con que haya quedado tan tan poco claro. La principal crítica sigue descansando en: a) relacionado con el primer punto, que lo real lo es por imponerse a una comunidad, a unas operaciones, a unas técnicas, etc.; y b) que hay cosas que se imponen como irreales, falsas, disonantes, etc. En el caso de a), o se admite que lo que se presenta a la comunidad ya se presenta como real, o se cae en una serie de reformulación del idealismo o del constructivismo, a saber, que lo real es por y a partir de las propias operaciones, y no antes ni sin ellas. Se desdiferencia peligrosamente realidad y objetividad. No decimos que no se pueda decir pero estaría bien admitir que se dice. En el caso de b), se ha intentado explicar por mil maneras y ejemplos, a la postre reducidos a contradicción y malogrados, que la oposición real-irreal es impropia. Ya solo me queda una sugerencia: quizá puedas aproximarte a lo que queremos hacer entender si investigas la posibilidad de que realidad e irrealidad (o, si prefieres, verdad y falsedad) son conceptos conjugados, en el que realidad sería A, distinguible en múltiples formas, a1, a2…an, y B irrealidad, que funcionaría como idea que conectaría un subconjunto de A según un esquema diamérico. Quizá esto sirva al menos para poder andar el paso hacia ver que la oposición real-irreal es impropia.
      -Por último, y como ya se ha dicho en otras ocasiones, puedo entender que se piense que la investigación noológica no tiene pertinencia o utilidad. Perfecto, sin problemas. Nos podemos volver a encontrar para hablar ya de la realidad efectiva de las cosas, incluyendo la explicación metafísica (reológica) de las comunidades de investigadores científicos y sus teorías, que son efectividades suyas. Pero no me quedo sin decir que sí que hay debates que ganan mucha luz gracias a la noología. Uno de ellos, que vuelve y vuelve sin cesar, es, verbigracia, el debate sobre el realismo. Con noología la problemática sobre «las cosas a parte de las operaciones» se aclararía considerablemente.

      Espero que el diálogo sirva, especialmente, a terceros lectores.

      Un abrazo.

      1. Gracias por la invitación. Lo primero de todo enhorabuena por el Seminario y les deseo mucha suerte. En cuanto a la idea de participar, quizá intente matricularme en el siguiente, en los días y horas en que se desarrolla este estaré especialmente ocupado. De todos modos quedamos cuando quieran para hablar de estos y otros muchos temas. Pero gracias de nuevo. En los próximos días intento responder al último comentario de César Rodríguez. Saludos cordiales.

  6. En los próximos días iré respondiendo por partes al comentario de César, del cual agradezco el esfuerzo, la claridad y el tono.

    Hoy quiero darle unas vueltas a los conceptos de realismo de partida y de llegada.
    Algunos de los mayores desacuerdos, en efecto, descansan en el modo como la reología analiza el contexto de partida y el contexto de llegada de una investigación. O si se quiere, en el modo como analiza la relación entre génesis y estructura de una investigación o estudio, para emplear un par de conceptos con una larga tradición en filosofía de la ciencia.
    ¿De qué modo analiza la reología estos dos momentos de la investigación? No esta del todo claro, a mi parecer.
    a) A veces realismo de partida y realismo de llegada se equiparan a la distinción entre modo de aparecer y modo de ser.
    b) Otras veces se la hace corresponder a la distinción entre aprehender las cosas como reales y aprehender la realidad de las cosas.
    c) Otras veces se equiparan a la distinción observación y justificación.

    Veamos cada una de estas posibles correspondencias una por una:

    a) Modo de aparecer y modo de ser. En numerosos textos se insiste en esta idea o en una similar. Se afirma que la noología describe el modo como se nos aparecen las cosas y la reología explica lo que las cosas son. A simple vista es una distinción de una gran claridad y parece albergar pocas dificultades. Pero sin embargo esta claridad no es tal a poco que se profundice en ella.

    La claridad no es tal cuando se piensa que nunca se parte del mero modo como se nos aparecen las cosas. Siempre se parte de teorías previas, etc. (No voy a insistir más en esta idea) Tampoco se llega siempre al modo como son realmente las cosas, sino que se llega a posiciones en todo caso más objetivas, que eliminan mas el componente subjetivo, o noológico, pero no se llega nunca del todo al modo como son las cosas.

    Pero si no se parte nunca del mero modo de aparecer, ni se llega nunca al modo real de ser, entonces hay que considerar al realismo de partida y al realismo de llegada como conceptos conjugados. Conjugados en el sentido de que el momento de partida de hoy es el momento de llegada de ayer, y el momento de llegada de mañana, es el momento de partida de pasado mañana.

    Por no decir que algunas investigaciones no nos acercan más a la verdad. Las investigaciones que se llevan a cabo desde alguna secta, lobby o ideología no buscan la verdad, sino justificar sus dogmas, y a veces solo los intereses de un grupo.

    b) Como decíamos a veces la distinción realismo de partida y realismo de llegada se quiere entender como aprehender las cosas como reales y aprehender la realidad de las cosas. O dicho de otro modo: apariencia de realidad y realidad a secas. Este modo de entender la distinción tiene un amplio respaldo en los textos sobre reología y en los ejemplos que ofrecen estos textos. En la partida el esquizofrénico siente las voces como reales, en la llegada diagnosticamos la causa real de las mismas, etc. En el contexto de génesis el bastón medio sumergido en el agua parece realmente roto, en el contexto de justificación conocemos el logos y la razón de que parezca roto.

    Esta distinción también parece muy clara a simple vista, pero la realidad es muy diferente. Muy brevemente:
    – La investigación sobre las voces del esquizofrénico no la inicia el esquizofrénico, sino el psicólogo, psiquiatra o médico. No es que yo aprehendo las voces como reales y gracias a eso las investigo. No. Es el especialista correspondiente el que parte de las voces del paciente, un paciente que puede mentirle, como parte de su enfermedad, sobre sus propios síntomas. Por lo tanto el especialista no parte de que las voces se le aparecen al paciente como reales. Eso lo sabrá tras el diagnóstico. Al fin y al cabo que el paciente es un esquizofrénico sólo se conoce tras el diagnóstico, en el contexto de llegada. En síntesis, que el especialista no parte solo de los síntomas del paciente, sino de los síntomas y de teorías e investigaciones previas. Y no parte de que el paciente siente realmente las voces, pues el paciente puede estar mintiéndole. Sólo en la llegada, cuando sepa que es realmente un esquizofrénico, sabrá que las voces se le aparecen como reales.
    – La investigación sobre el palo medio sumergido en el agua que parece realmente quebrado tampoco recibe un análisis adecuado por parte de la reología. El que ve el palo en el agua como quebrado, efectivamente, lo ve medio quebrado, lo ve realmente medio quebrado, como también sabe que realmente no está roto. Y estas dos aprehensiones tienen lugar al mismo tiempo, la apariencia de que el palo está roto, y el conocimiento de que no está roto. Y es esta incongruencia, la que impulsa la investigación. No la mera apariencia de realidad, o impresión de realidad, no, lo que impulsa la investigación es la incongruencia entre aprehensiones, o entre aprehensiones y teorías, etc.

    ¿Realmente las cosas se aprehenden siempre como reales? No lo creo. Pero aunque así fuese, sería por razones diferentes a las que arguye la reología. No aprehendemos las cosas como reales de modo inmediato, directo y unitario. Las aprehendemos como reales porque estamos siempre entre ellas, manipulándolas, o viendo cómo las manipulan otros, experimentándolas, utilizándolas, porque nos obstaculizan el camino, o son medio para otras cosas, etc… en una suerte de verificación permanente de su realidad. Las aprehendo como reales porque estamos entre ellas, verificándolas con nuestro trato continuo con ellas.

    Y falsándolas también continuamente. En mi trato diario con las cosas, mil cosas al día se me imponen como irreales, pero no de modo inmediato, sino porque mi trato con las cosas es el equivalente a una verificación y falsación continua de las mismas. La estatura diminuta que parece tener alguien a lo lejos, se me impone como irreal, por el trato cotidiano con las distancias y las proporciones de las cosas. No se me impone como real, y la mejor prueba de ello es que no me sorprende. Si se me impusiese como real ¿no me parecería algo inaudito? El cristal transparente de la ventana, no parece estar ahí. Esa ausencia aparente se me impone como irreal. Sé que hay cristal, aunque parezca lo contrario. Esa apariencia de que no hay cristal, se me impone como irreal. Y se me impone de un modo inmediato, no reflexivo, por mi trato cotidiano con la ventana y sus efectos y apariencias.

    De hecho no sería adaptativa una inteligencia sentiente que todo lo aprehendiese como real, incluido lo irreal.

    Resumiendo: lo que hace que aprehenda las cosas como reales e irreales, es el trato con ellas, y no una supuesta aprehensión primordial inmediata, directa y unitaria. Y me atrevo a decir que esto es lo que quería decir Zubiri cuando hablaba de aprehensión primordial, y no lo que afirma hoy la reología.

    c) Decíamos que en ocasiones la reología analiza la distinción entre realismo de partida y realismo de llegada como equivalente a la distinción entre observación y justificación, o descripción de los hechos, y justificación de los mismos.

    Apenas puedo decir nada nuevo sobre esto que no hayan dicho ya otros. Nuestras observaciones están cargadas de teoría. Lo que vemos o percibimos depende tanto de las impresiones sensibles como del conocimiento previo, las expectativas, los prejuicios, etc. De este modo, argumenta N. R. Hanson, toda observación está cargada teóricamente.

    No solo creemos lo que vemos, también vemos lo que creemos firmemente, aunque no sea real. Ver es interpretar. Aprehender es interpretar. La aprehensión no es anterior a la teoría (al logos y a la razón), ni posterior. Hay una suerte de relación circular entre ambas. La mancha en la pared parece la Virgen María a unos, y un personaje famoso a una fan de dicho personaje. A ambos se les impone como reales esa apariencia, pero esa apariencia está cargada de teoría, no es directa e inmediata.

    Y del mismo modo que a mi vecina la cara de la virgen presente en la mancha de la pared se le impone como real, a mí, ateo hasta los tuétanos, se me impone como irreal esa visión de mi vecina.

    Tampoco es exacto decir, como hace la reología que la teoría proceda de la observación, toda teoría se apoya en otras teorías, hipótesis, supuestos, principios, etc. No se parte de la observación y se llega a la teoría. Se parte de observaciones insertas en marcos teóricos, que nuevas observaciones, guiadas y canalizadas por dichos marcos, verifican o falsan, en todo o en parte, lo que da lugar a remodelaciones, implementaciones, correcciones de dichos marcos, que a su vez canalizan nuevas observaciones, etc…

    Gracias por aceptar participar en el intercambio de ideas.

  7. La confusión entre real e irreal parece más bien una confusión causada por la ambigüedad con que la reología usa el término realidad y no por una deficiente compresión por parte de los lectores de la Reología. Intento apoyar esta afirmación:

    1. La reología llama realidad tanto a lo aprehendido (por ejemplo un centauro imaginado o soñado) como a la realidad objetiva misma. Y llama a la primera realidad de partida y a la segunda realidad de llegada y dice que ambas realidades son la misma realidad porque la segunda funda y confirma la primera.

    Esto es particularmente confuso porque la realidad aprehendida por mucho que se aprehenda como real, no deja de ser una realidad meramente aprehendida. Se me puede decir que las cosas quedan como de suyo, sí, pero un de suyo meramente aprehendido. Por más que a mí se me imponga la cara de la virgen María en la mancha de la pared, esa cara no deja de ser una realidad meramente aprehendida, por más que se me imponga como real.

    Por otro lado no es cierto que el realismo de llegada explica siempre el realismo de partida, sino que a menudo lo reduce sin explicarlo. Por ejemplo no podemos saber de ninguna manera por qué Tales de Mileto, Parménides, Platón o Aristóteles afirmaron su concepción del mundo y no otra.
    No podemos saber por qué Freud afirmó su teoría del inconsciente o por qué Piaget defendió su epistemología genética.

    No podemos saber por qué Joseph Gall llegó a afirmar que la forma del cráneo tenía conexión con los rasgos del carácter y de la personalidad, lo que se conoció como frenología.
    Por lo tanto no es cierto ni que el realismo de llegada fundamente el realismo de partida (a veces lo desmiente o falsa) ni es cierto que el realismo de llegada explica las aprehensiones y creencias del realismo de partida.

    2. La reología dice que la realidad es lo físico y lo físico es la realidad. Y dice que lo físico se opone a lo meramente conceptivo. Pero resulta que lo meramente conceptivo, en cambio no se opone a lo real, pues lo conceptivo, como todo lo aprehendido, también es realidad.
    O sea que la realidad y lo físico son lo mismo, pero lo físico se opone a lo conceptivo, mientras lo real no se opone a lo conceptivo.

    Claro, se dirá que no distingo entre realismo de partida y realismo de llegada, pero quien no parece distinguir es la reología, pues dice que tanto lo aprehendido como lo real es de suyo, es físico y es el mismo realismo.
    Por mucho que se empeñe lo aprehendido no queda como real, sino como realidad aprehendida. Sólo cuando compare mi aprehensión con otras aprehensiones mías y las de otros, cuando mis operaciones y las de otros verifiquen dichas aprehensiones, las tomaremos por reales.
    Las cosas quedan como reales en la aprehensión cuando mis manos y las de otros las manipulan, las descomponen, las ensamblan con otras, etc.
    Y en estas descomposiciones y ensamblajes muchas aprehensiones demuestran su irrealidad, se imponen como irreales, al mismo tiempo que otras se imponen como reales. El poder de las operaciones, y de las verificaciones es ese, comprobar lo que es real y lo que no.

    Las cosas no se me imponen como reales de modo inmediato, sino que se imponen como reales en el mismo proceso en que opero con ellas, las ensamblo con otras, etc… Y en este mismo proceso igual que unas cosas se imponen como reales, otras se imponen como irreales.

    3. Realidad se identifica con de suyo, que se opone a de mío (o de nosotros). Pero lo que es de mío en según qué textos, también se considera de suyo y real en otros textos.

    Se me puede argüir que todas estas aparentes contradicciones descansan en que no distingo entre realismo de partida y realismo de partida, entre realidad aprehendida y realidad real. En realidad si la reología fuese coherente reconocería que de suyo y de mío son conceptos conjugados, pues lo que es de mío tiene una franja de de suyo (una franja de objetividad)y lo que es de suyo también tiene una franja de de mío (una franja de subjetividad, pues las cosas nunca se llegan a justificar del todo y no se pueden eliminar las operaciones del sujeto). No se llega nunca a la realidad real, solo a la realidad que desvelan mis operaciones y aparatos. Como tampoco se parte de meras aprehensiones.
    4. Pero el principal problema es que realidad no está definida en ningún momento en la reología. Las definiciones que se ofrecen son solo apariencias de definiciones.

    – Definir la realidad como de suyo dar de sí, es definir un término confuso por otro no menos confuso, sobre todo cuando resulta que lo que es de mío también es real y de suyo.

    – Definir la realidad como lo que se impone a la aprehensión no resuelve nada, pues lo real no es real por imponerse, sino que se impone por ser real.

    – Definir objetividad como lo disponible para todo no resuelve nada, pues lo objetivo no es objetivo por estar disponible para todos, sino que está disponible para todos por ser objetivo.

    – Definir realidad como todo y sólo aquello que actúa sobre las demás cosas o sobre sí mismo en virtud, formalmente, de las notas que posee poco resuelve, pues mientras la reología dice esto, también niega la realidad de las cosas sentido, como si las cosas sentido no se relacionasen según sus notas.

    “El contradistinto reológico de realidad lo encontramos en “cosa-sentido”, “intentum”, “mera objetividad”, “meramente lógico o conceptivo”, ya que no hay más realidad que aquella que está en la cosa-realidad”. Como si una ametralladora, una bomba de racimo o atómica, todas cosas sentido, no fuesen reales por ser cosas sentido.

    1. Veo que las objeciones, a pesar de estar pormenorizadas, repasadas, reformuladas, son esencialmente las mismas. Y además, siento que las mismas que en gran medida ya se pretendían responder con la misma nota. Puedo entender que algunas cosas no estén suficientemente explicadas (aún) pero me cuesta comprender cómo otras no lo están. En este comentario no podré pormenorizar una vez más todas las contra-contra-argumentaciones, pero sí que puedo intentar esbozar insistentemente algunos puntos:

      Realismo de partida es realismo noológico, y realismo de llegada es realismo reológico. Realidad de partida/noológica y realidad de llegada/reológica son para una res particular la misma solo que vistas noológicamente o reológicamente. Vista noológicamente es poner la atención netamente al hecho de ser aprehendida en tanto que real; si además la forma de la aprehensión es la de la fundamentación, se constata noológicamente el ejercicio de la razón; si esa fundamentación es metafísica, trascendental, se constata noológicamente la práctica reológica; y a partir de ahí lo que se dice de la cosa, en tanto es ya una explicación, la que sea, y es metafísica, entonces es reología. No está dicho en ningún lado que hay una especie de decurso cognoscitivo en el que aprehendo una cosa, esta cosa es realidad de partida o noológica, y entonces hago así o asá y ahora ya es otra y es la realidad de llegada o reológica. Hay ejemplos que han sido confundidos, que se han leído así y no han debido leerse así. Y la nota de realidad trataba de aclarar esto en particular. No es una partida biográfica, ni secuencial, ni histórica, ni nada por el estilo. Se le llama partida por la exigencia histórico-filosófica inaugurada por el criticismo de deber responder, dicho muy muy muy llanamente, a la pregunta «cómo sabes que eso es real» antes de poder responder a la pregunta «qué es eso y cómo funciona». Esta exigencia ha llevado a escepticismos («no puedes asegurar que eso sea real»), a constructivismos («solo puedes afirmar que es algo pensado/percibido/sentido/etc»), y otras tantas versiones no realistas o antirealistas. Esta exigencia ha llevado, y lo repetiré más veces en más debates, al punto en el que en el mismo Materialismo Filosófico se discute si hay cosas sin sujetos operatorios. Pues bien, la noología es realista, es fundamento de realismo, es realismo, realismo noológico. Y por, repito, cuestión histórico-filosófica, por convertir en exigencia el tener que responder a la pregunta por el saber, es que se describe como requisito, como partida formal. Y en esa partida se constata que lo aprehendido es aprehendido en tanto que real.

      A partir de aquí volverán y volverán los mismos enredos. Uno de ellos es que se nos niega la mayor: realidad no es lo que decimos que es. Realidad parece ser la mayoría de las veces, según leo en tus comentarios, objetividad. Aunque sea como tendencia. Tendencia a la objetividad: verosimilitud como realidad. Tendencia a la subjetividad (entendida en este caso como individualidad/incomunicabilidad/indisponibilidad común): pérdida de verosimilitud como realidad. Pues bien, para nosotros no es eso. Para nosotros eso es un entendimiento mermado, parcial, algo infértil de lo que res-reale-realitate tiene dentro de sus entrañas.

      Otro de los enredos es la insistencia en los contextos: técnicos, históricos, culturales, etc. Y a esto también se ha respondido mucho y se va a seguir respondiendo lo mismo. En síntesis: es obvio que los contextos condicionan los contenidos, las acciones, todo. Es que somos cosas. Y las cosas son contextuales, coyunturales. Son fácticas. Son fácticamente dinámicas. El estado de cosas de ahora influye en el estado de cosas subsiguiente. Y si nosotros somos cosas pues tanto igual (a nuestro modo, claro, que tenemos historia). Eso no se niega. Negarlo a estas alturas es, y lo compartimos, una ingenuidad o cómica o lamentable. Pero es que decir cómo las coyunturalidades influyen no es noología. Es o bien ciencia (histórica, sociológica, etc) o bien reología (si queréis, para entendernos, ontología). Cuando se dice que una comunidad percibe el Sol como una divinidad pero otra no, se está explicando la circunstancia noopráctica de esa comunidad. Se está haciendo reología. No se está haciendo noología. Y lo llamamos de llegada simple y llanamente porque en el curso de esa investigación «ya sabíamos» que investigábamos algo en tanto que de suyo. Es que si no ni siquiera lo investigaríamos.

      La insistencia mezclada en, sobre todo, estos dos enredos («realidad no es eso»; «os olvidáis del contexto tecno-culturo-social») parece seguir siendo lo más importante de la réplica. Preveo que el debate seguirá. No sé si seré capaz de ofrecer un comentario respondiendo línea por línea a los dos últimos que nos dejaste, pero sí que pienso que línea por línea (o casi) se podrían responder.

      Seguimos en contacto y gracias por el diálogo.

  8. Intento responder por partes. Parece evidente que volvemos una y otra vez a las mismas dudas y dificultades iniciales, pero el desencuentro ayuda a determinar los puntos exactos de fricción. Y creo detectar al menos tres puntos de fricción.

    Para tratar de aclarar estos puntos de fricción iré respondiendo por partes. Copiaré los fragmentos del texto que me parecen más problemáticos y los responderé. Intentaré igualmente ofrecer nuevos argumentos, o los viejos con nuevos ejemplos y matices, tratando de no repetirme.

    “Realismo de partida es realismo noológico, y realismo de llegada es realismo reológico. Realidad de partida/noológica y realidad de llegada/reológica son para una res particular la misma solo que vistas noológicamente o reológicamente. Vista noológicamente es poner la atención netamente al hecho de ser aprehendida en tanto que real; si además la forma de la aprehensión es la de la fundamentación, se constata noológicamente el ejercicio de la razón; si esa fundamentación es metafísica, trascendental, se constata noológicamente la práctica reológica; y a partir de ahí lo que se dice de la cosa, en tanto es ya una explicación, la que sea, y es metafísica, entonces es reología”.

    Este fragmento de la respuesta es especialmente problemático, por diferentes motivos, que intento exponer y desarrollar.

    1. La distinción entre realismo de partida y realismo de llegada no tiene un sentido unívoco en todos los artículos de filosofía reológica y eso genera una gran confusión. Unas veces la distinción tiene un sentido digamos formal y otras un sentido material. Intento explicarme.

    – Realismo de partida unas veces es la mera aprehensión de realidad, el mero constatar la fuerza con que las cosas se dan : “Vista noológicamente es poner la atención netamente al hecho de ser aprehendida en tanto que real”. Aquí realismo de partida digamos tiene un sentido meramente formal. Pero otras veces realismo de partida no es poner la atención sobre esa característica, sino que parece corresponder más bien al contexto de creencias, hipótesis y observaciones desde donde parte una investigación: este modo de entender realismo de partida es el que se está ejercitando cuando se pone como ejemplo el geocentrismo de la iglesia frente al heliocentrismo de Galileo, durante el conocido conflicto que los enfrentó a principios del siglo XVII. Cuando se afirma que la iglesia representaba un realismo de partida, con su modelo astronómico del geocentrismo, no se identifica realismo de partida con poner meramente la atención en la fuerza con que las cosas se dan. Se está identificando realismo de partida con el conjunto de hipótesis, creencias y observaciones desde la que parte una determinada investigación.

    La expresión Realismo de partida (frente a realismo de llegada) se torna particularmente confusa cuando se usa con estos dos sentidos tan diferentes y tan difíciles de conciliar.

    – Pero no es esta la única forma confusa de entender la distinción realismo de partida/realismo de llegada. La aprehensión de realidad (realismo de partida) a veces se entiende como una especie de primero cronológico, y otras veces como primero lógico, o primero citerior. En el ejemplo del enfrentamiento entre la Iglesia y Galileo realismo de partida tiene una prioridad claramente temporal, o cronológica (sin perjuicio de que la tenga también lógica, o epistemológica). Pero otras veces se dice que la mera aprehensión de realidad no es un acto separable del logos y de la razón, sino que es un momento del logos y de la razón. En este segundo sentido la expresión realismo de partida se comporta como un primero no crnológico, sino lógico (o epistemológico, o citerior). En realidad en la mayoría de ejemplos que pone la filosofía reológica (ejemplo del calor, del palo sumergido en agua que parece quebrado) la aprehensión de realidad (el realismo de partida) tiene una prioridad cronológica.

    – Se dice que se parte del mero constatar la fuerza con que las cosas se dan. ¿Qué quiere decir que se parte de ahí? Esto me hace preguntarme si es posible aprehender cosas como reales, sin aprehender cosas como irreales. La aprehensión no es un proceso inmediato, y pasivo, sino un proceso activo. Las cosas y los hechos no se aprehenden de modo inmediato, sino que se aprehenden operando con ellas, rodeándolas, acercándonos y alejándonos, manipulandolas, juntando y separando partes de esa cosa, o a esa cosa con otras cosas… Aprehender algo es aprehenderlo activamente, operatoriamente, selectivamente… ¿y este proceso no implica aprehender cosas, hechos, relaciones como reales y otros como irreales? Sólo aprehendo que una forma en la roca no es una parte de la roca, sino un cangrejo, desplazándome respecto de la roca, acercándome y alejándome, manipulando la roca… Pero en estas operaciones, algunas relaciones y conexiones se imponen como reales y otras como irreales. Se impone como real que el cangrejo es una estructura independiente de la roca, y se impone como irreal al mismo tiempo, como meramente conceptivo, si se quiere, como de mío, que el cangrejo sea la roca, o parte de la roca.

    Aprehender es verificar y falsar activamente, selectivamente. Las cosas no se dan a la aprehensión como reales y luego las explico. Para aprehender algo como real, primero hay que aprehenderlo discriminativamente, y aprehenderlo discriminativamente es verificar y falsar, determinar conexiones reales e irreales entre partes, entre cosas del entorno… Si se me permite: es impepinable que para aprehender algo como real, tengo que aprehender otras cosas (relaciones, conexiones) como irreales. Las cosas solo se recortan unas respecto de otras, y respecto del entorno, y las aprehende como reales, en una aprehensión selectiva y crítica en la cual algunas cosas quedan como reales y otras como irreales.

    Muy brevemente: para aprehender algo como real, primero hay que aprehenderlo, y aprehenderlo es aprehender conexiones reales entre sus partes (al menos a una determinada escala o nivel de análisis), y entre esa cosa y otras cosas, tanto como aprehender conexiones irreales.

    – La distinción entre realismo de partida y realismo de llegada parece descansar sobre la distinción entre hechos y teorías. De hecho la filosofía reológica a veces ha identificado el realismo de partida con la descripción (de hechos), y el realismo de llegada con la justificación (desde alguna teoría).
    Pero esta distinción es muy confusa e ignora los análisis que sobre esta distinción se han hecho desde la filosofía de la ciencia. No hay hechos sin teorías, ni teorías sin hechos. La descripción es siempre un proceso guiado por alguna hipótesis, o teoría previa. Y las teorías sólo pueden alcanzar el estatus de teorías (verdaderas) cuando son verificadas, lo que exige descripción de consecuencias, contrastación, etc…

    Además ¿qué sentido tiene la distinción entre hechos y teorías en matemáticas? En matemáticas los hechos surgen en el ejercicio mismo de las teorías. Un hecho es que la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos, es decir, a 180 grados (en geometría euclidiana), pero este hecho es más producto de la teoría y de la demostración (Elementos de Euclides) que una observación previa a la teoría. Por no mencionar que hay muchos hechos que sólo se descubren y se conocen a partir de teorías, que permiten determinarlos y que ni siquiera son aprehendidos, sólo demostrados teóricamente.

  9. Sobre lo siguiente en lo que quisiera detenerme es sobre la distinción entre de mío y de suyo, pero antes quisiera decir unas pocas palabras más sobre la distinción entre realismo de partida y realismo de llegada.

    ¿Qué se quiere decir con que el realismo de partida y el realismo de llegada son el mismo realismo? Desde la filosofía de la reología se dice que son el mismo realismo porque el realismo de llegada fundamenta el realismo de partida, pero, ¿es siempre así, el realismo de llegada fundamenta siempre el realismo de partida? No parece que sea así en todos los casos. A menudo el realismo de llegada no fundamenta el realismo de partida sino que demuestra que carecía completamente de fundamento y fulcro de verdad.

    Durante mucho tiempo los cristianos creyeron que la edad de la tierra no superaba en mucho los 6000 años de antigüedad. En la partida se les imponía esta creencia, no la cuestionaban. Hoy sabemos que la edad de la tierra tiene alrededor de 4500 millones de años. ¿El realismo de partida y el de llegada son el mismo? ¿El realismo de llegada fundamenta el realismo de partida en este caso?
    Durante mucho tiempo los cristianos dieron por cierto que Dios creó al primer hombre a partir del barro, y a la primera mujer a partir de una costilla de ese primer hombre. Hoy sabemos que el hombre es resultado de millones de años de evolución, donde unas especies van mutando y transformándose en otras por selección natural. ¿El realismo de llegada fundamenta en algún sentido el realismo de partida? No parece que así sea. ¿Son el mismo en este caso el realismo de partida y el de llegada?

    Se me podrá argüir que estos ejemplos no representan ni reflejan correctamente lo que se quiere decir con realismo de partida y realismo de llegada, sin embargo son ejemplos perfectamente análogos al ejemplo de la Reología que identifica el geocentrismo con el realismo de partida y el heliocentrismo con el realismo de llegada, en el conflicto que enfrentó a la Iglesia Católico y Galileo en el siglo XVII.

    Ejemplo por cierto particularmente desafortunado, pues el heliocentrismo no puede ser considerado realismo de llegada. Claro, se puede decir que se acerca más a la verdad que el geocentrismo. Pero si la distinción entre realismo de partida y realismo de llegada depende de la posición de cada uno de estos realismos respecto de la verdad, habrá que decir que el realismo de llegada para una época histórica, es el realismo de partida para otra, etc.

    Y con esto volvemos a la confusión que envuelve al término realismo de partida, o realidad de partida, para la Reología. ¿Realidad de partida es un carácter de las cosas o son las cosas mismas? La Reología es completamente oscurantista sobre este particular y usa confusamente los dos sentidos: ““Realidad es, para nosotros, carácter y no zona o conjunto, es «de suyo», es rea de la res, etc”. “Pero es que carácter de las cosas y cosas (rea de la res) no es lo mismo. Es pura confusión.

    Se puede decir que en la partida la realidad es modo de aparecer, y en la llegada es modo de aparecer justificado y explicado. Pero como hemos tratado de decir, el modo como las cosas aparecen no es independiente de la teoría y de la justificación. No solo lo que aprehendemos, sino también el carácter con que lo aprehendemos, depende de nuestros conocimientos previos.
    Un oncólogo no aprehende las mismas cosas ante una radiografía de tórax, que alguien sin ningún conocimiento médico. Ante una radiografía de tórax, a un oncólogo se le imponen cosas diferentes, o manchas diferentes, que a alguien novato en dicha técnica. Y correlativamente, mientras a un novato un grupo de manchas se le impone como una estructura significativa médicamente, a un oncólogo ese grupo de manchas se le impone como una agrupación irreal, sin ningún fundamento. Cuando un astrónomo mira al cielo, ve cosas diferentes y se le imponen cosas diferentes, de las que se le imponen a un astrólogo. Y las agrupaciones de estrellas con forma de animal mitológico que a un astrólogo se le imponen como una agrupación real, a un astrónomo esa agrupación se le impone como arbitraria e irreal.

    Un oncólogo o un astrónomo aprehenden como irreales cosas y relaciones entre cosas que un novato en medicina o un astrólogo aprehenden como reales. Se puede decir que esa aprehensión es aprehensión de llegada y no de partida… Pero es que esa aprehensión es justamente la aprehensión de la que se parte cuando se investiga, es justamente el realismo de partida del que se parte en una investigación, pues en cualquier investigación se parte siempre de las investigaciones previas que, como digo, no solo influyen en lo que aprehendemos, sino en cómo lo aprehendemos.

    Un niño que ve por primera vez su sombra, en un día soleado, se asusta y trata de alejarse de ella, mientras llora y grita. La sombra no se le impone en cuanto sombra, se le impone como algo vivo peligroso y amenazante. Cuando se acostumbre a ella, y deje de temerla, la apariencia de la sombra como algo separado y peligroso, se le impondrá como irreal. Si acaso repara en ella, y la ve moverse por efecto de las luces, y por una fracción de segundo esa sombra cambiante se le semeja algo vivo y peligroso, esa apariencia se le impondrá como irreal, pues conectará de modo inmediato esa aprehensión con su conocimiento previo de su sombra y de otras sombras de personas cercanas.

    Un niño pequeño se asusta de su hermano mayor, que se ha disfrazado de lobo para la fiesta de Halloween. Cuando ese mismo niño crezca, y haya visto decenas de disfraces de fieras de todo tipo, y él mismo se haya disfrazado de Alien, etc, dejará de temer a las personas disfrazadas, pues las fieras que representan esos disfraces se le impondrán como irreales.
    Trato de expresar que nuestra experiencia previa no solo influye en lo que vemos, sino también en cómo lo vemos. Y que la aprehensión de conexiones irreales, tanto como de conexiones reales, es condición de toda aprehensión.

  10. Una última consideración acerca del significado de la distinción entre realismo de partida y realismo de llegada. ¿Qué sentido tiene llamar realismo de partida al modo como las cosas se nos aparecen, si no deja de ser mero modo de aparecer? Por más que se nos aparezca como real, lo que se aparece es solo eso, apariencia, impresión… No importa que se aparezca con carácter de rudeza, de tosquedad, que sea algo que se presenta como de suyo… Lo cierto es que sea como sea como se nos aparece, no deja de ser un modo de aparecer ante mí, algo esencialmente ligado a mí, y dependiente de mis órganos sensoriales y de la naturaleza de mi intelección sentiente y por lo tanto algo de mío, no de suyo. Lo aprehendido, sea cual sea el modo como sea aprehendido, no deja de ser algo meramente aprehendido. ¿Por qué llamarlo entonces realidad de partida? Es difícil de entender.

    La Reología dice que “ha querido asumir la tarea histórica de partir de la aprehensión para no ser ingenuos”. ¿Hay algún sentido en que se pueda afirmar seriamente que la investigación ha de partir de la aprehensión, o de lo aprehendido? Cuesta encontrar la franja de verdad o el fundamento de verdad de esta afirmación.

    La investigación con frecuencia no parte de lo observado en la aprehensión, sino de presupuestos heredados. Según las medidas de Copérnico, las posiciones de los planetas se explicaban mucho mejor suponiendo que éstos giraban alrededor del Sol, en vez de hacerlo alrededor de la Tierra. Sin embargo en el modelo heliocéntrico de Copérnico, los planetas describían órbitas perfectamente circulares. ¿Por qué creía Copérnico que los planetas describían órbitas circulares? No era producto de la observación. El movimiento circular de los astros se le imponía, pero no por el modo como se observan los astros desde la tierra, sino porque se trataba de un presupuesto heredado de los modelos astronómicos de Platón y Aristóteles. Quiero decir que nuestras creencias previas no solo influyen en los contenidos de la aprehensión, sino también en el carácter con que se nos manifiestan esos contenidos. La creencia en el movimiento circular uniforme de los astros no solo influía en lo que Copérnico observaba, sino también en cómo lo observaba, por cuanto ese movimiento circular se le imponía como real y no por lo observado en la aprehensión, sino por lo presupuesto, por las teorías, explicaciones y justificaciones heredadas. A los astrónomos de hoy ese movimiento circular se les impone como irreal.

    En otras ocasiones la investigación no parte de lo que se aprehende como real, sino de lo que se aprehende como irreal. Partir de lo que se aprehendía como irreal es lo que hizo posible y dio origen a las geometrías no euclídeas. Como se sabe las geometrías no euclídeas o geometrías absolutas se gestaron en sus comienzos con el objetivo de construir modelos geométricos en los que no se cumpliera el quinto postulado de Euclides (Por un punto exterior a una recta dada solo cabe trazar una paralela). La idea de que por un punto exterior a una recta no pueda trazarse ninguna paralela, o puedan trazarse más de una paralela, es una idea contraintuitiva, una idea que se impone como contradictoria con nuestro sentido común y como irreal, sin embargo poner en duda dicho postulado hizo posible el surgimiento de dichas geometrías.

    De hecho los grandes genios se caracterizan frecuentemente por ir en contra del sentido común, y no hacer caso a lo que se impone como real a la mayoría o incluso a ellos mismos, y atreviéndose a partir de hipótesis contrafacticas o contraintuitivas, que in inicio se les imponen como absurdas, irreales, etc.

    En otras ocasiones, me atrevería a decir que la mayoría, la investigación no parte de lo que se impone como indiscutiblemente real, o impepinablemente real, sino como problemático, incongruente o contradictorio con otras cosas consideradas reales. Lo que impulsa a investigar las leyes de la luz (y su relación con el medio en el que viaja, se desplaza, el modo como se refleja o refracta), no es que el bastón medio sumergido parezca realmente roto, sino la contradicción entre apariencia y verdad (parece roto pero en verdad no lo está). Es esa contradicción lo que impulsa la investigación, y no el que el bastón parezca realmente roto.

    Se puede argüir que lo contradictorio se aparece como realidad problemática, realidad contradictoria… Como he dicho más arriba, La aprehensión es un proceso activo, selectivo, crítico y rectificativo, en que las cosas solo se distinguen de otras cosas, y unas partes suyas de otras partes, en cuanto aprehendemos a diferenciar conexiones reales de esas partes con otras partes y conexiones irreales. La aprehensión de conexiones reales e irreales, es condición para aprehender cualquier cosa.

    Por ultimo aprehender las cosas como reales muchas veces no hace posible o impulsa, sino que frena la investigación. Es lo que ocurre con multitud de sectas e iglesias, que aprehenden con tanta realidad ciertos dogmas y principios, que se niegan a admitir como real cualquier cosa que contradiga esos dogmas y principios. Su fe es tal, que aprehenden como irreal todo lo que la contradice.

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