De la realidad de los colores
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Pregunta: ¿es real el color o lo son sus correlativas activaciones neurales? No es cuestión nueva en el horizonte de la filosofía la de si las llamadas «cualidades secundarias», como el color, son o no reales. A causa del impacto mediático de las neurociencias y la psicología cognitivista de la percepción, se ha extendido el aroma general de la tesis según la cual los colores son meros «efectos del cerebro». Y qué duda cabe de que el cerebro juega en la percepción del color, como en la totalidad de la experiencia, un papel importantísimo o, mejor, una función. Función que desde la filosofía fundamental noológico-reológica entendemos como “hiperformalización”, incluyendo además no solo al cerebro sino el organismo completo, el cuerpo humano.
El cerebro no «causa» la experiencia, ni el color. El timonel del proceso no es el cerebro, sino el cuerpo real, la estructura sustantiva del hombre.
Pero a esa función que desempeña el cerebro no cabe identificarla con la de «causa». El cerebro no «causa» la experiencia, ni el color. El cuerpo, en este caso humano, y el sistema nervioso como centro funcional de formalización, en todo caso «mediatiza», «selecciona», «discrimina» permitiendo que «quede» lo que todos experimentamos. La experiencia resulta de lo que podríamos llamar la «funcionalidad de lo real». El timonel del proceso no es el cerebro como causa, sino el cuerpo real, la estructura sustantiva del hombre como inteligencia sentiente que «está» instalado entre y con lo estante.
En virtud de la inteligencia sentiente y de su hiperformalización podemos hablar de «aprehensión primordial de realidad»; de modo que «queda», en la aprehensión, realidad, como formalidad de realidad de los contenidos de nuestra percepción. Abriendo, además, desde el inicio más raigal, la posibilidad gnoseológica de profundización en la realidad-de las sustantividades, de profundización en lo real. Es, dicho vulgarmente, como si la experiencia del hombre consistiera en «palpar» realidad a través de dos momentos internamente imbricados: un primer momento noológico, de «percepción» -experiencial-, y un segundo momento reológico, de «razón» -fundamental-, ambos atravesados por la «aprehensión primordial de realidad». Por estar así atravesados, el primero nos abre al segundo, el segundo nos estructura esa apertura. Hay, por tanto, al menos dos momentos de realidad iniciales: el de la aprehensión y el de lo estante. Dos momentos inseparables, aunque sean distinguibles, pues es siempre aprehensión de lo estante.

Dado que el fenómeno de color depende de la adyacencia de la luz y la oscuridad, hay dos formas de producir un espectro: con un haz de luz en una habitación oscura y con un haz oscuro (es decir, una sombra) en una habitación iluminada. El de la imagen es un espectro oscuro. Archivo de Wikimedia Commons.
Así, el color se nos revelaría como color-real, cuya realidad se circunscribe, en cuanto percepción de color, al momento perceptivo. Cuyo fundamento será ulteriormente profundizado a través de las estructuras cerebrales, nerviosas, luminosas, ecológicas, etc. que podrá dar razón del momento de color-real aprehendido desde la percepción. Y así, su estructura neural correlativa, que no es causa sino estrato estructural del color, no posee por principio un más de realidad (formalmente), sino un así de distinto orden. Este correlato neural es, en el momento mismo de experiencia de color, un elemento estructural de la funcionalidad de lo real, y más concretamente de la hiperformalización, en función del cual -junto con otros muchos elementos estructurales- «queda» el color-real ante nosotros.
Por lo tanto, no es que el color sea mera proyección del sujeto causada por el cerebro; es que el color es color-real dado en aprehensión siempre que percibo que es un color-de las cosas. Recordémonos, con Xavier Zubiri, que “lo aprehendido no deja de ser real porque lo sea solamente en la percepción” (Inteligencia y realidad, p.176).
Autor: ⬑

Ignacio Jesús Clavero Fernández, reólogo de la realidad humana.
Graduado en Psicología por la Universidad de Zaragoza. Realiza una investigación independiente de metafísica interesada en la articulación entre noología y reología. Sus esfuerzos se encaminan hacia las cuestiones disputadas en filosofía de la mente. Investigador participante del Grupo internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso.
Áreas: filosofía de la psicología, metafísica, antropología filosófica.
En Filosofía Fundamental: https://filosofiafundamental.com/ignacio-clavero/


La presente exposición pretende realizar una evaluación, así como una indagación, sobre aquella idea reológica de “lo físicamente responsable”. Para ello, se toma el caso de Nietzsche y se observan los innegables cruces con el debate científico de su tiempo subyacentes, en cierta medida, a las principales ideas de su filosofía. ¿Puede filosofarse de espaldas a la ciencia? ¿La filosofía requiere necesariamente de la ciencia para proceder? Para atender a estas cuestiones resultará ineludible prestar atención a la historicidad de las preguntas.
La pregunta sobre Dios es uno de los temas que compete a la filosofía, la cual a lo largo de su historia ha intentado responder de diferentes formas. En el presente trabajo analizaremos algunas de estas respuestas cuyo sustento es de carácter lógico y otras cuyo sustento es de carácter físico. Es decir, unas van por la vía lógica (del logos) de investigación y otras por la vía física (de physis). Dentro de este último ámbito podríamos ubicar a la reología como la nueva herramienta de investigación filosófica que pudiera ser utilizada para tratar de responder en la actualidad de forma físicamente responsable a la pregunta por Dios desde la filosofía.
La intención del presente escrito es la de proponer una nueva manera de tratar el análisis del fenómeno de la complejidad social mediante el uso de la reología. Para ello, el texto se dividirá en dos momentos: en una primera parte me propondré definir las categorías de sociedad (entendida como sistema) y de complejidad social. En un segundo momento, tras una revisión de los limitantes que presentan dichas teorías, intentaré proponer una nueva forma de analizar el problema bajo la perspectiva la reología, más específicamente desde lo expuesto por reólogos como César Rodríguez en “La tríada modal de la estructuración: una herramienta reológica” (2022) y Carlos Sierra-Lechuga en “Estructura y realidad, una investigación de reología” (2022).
En física, la acción es una magnitud escalar de la que pueden derivarse las ecuaciones de movimiento de un sistema a través del principio de mínima acción. Este principio es una de las leyes más generales de la física teórica y encuentra su confirmación en regímenes que abarcan desde la mecánica clásica hasta la mecánica cuántica y la relatividad. Sin embargo, es una de las más controvertidas desde el punto de vista filosófico. Dada su aparente transversalidad resultan especialmente interesantes sus implicaciones metafísicas y es por ello que realizaremos una aproximación reológica al asunto de la acción física, asumiendo lo hasta ahora descubierto con esta herramienta filosófica y confrontándolo con las conclusiones que podamos alcanzar.
En esta ponencia se intenta ofrecer una definición tentativa sobre la «realidad digital». Se contrastarán algunas otras definiciones que se han dado sobre este tipo de realidad a lo largo de los años (como ciberespacio, flujo de información, imagen interactiva, realidad «virtual») y sus elementos (objetos digitales, contenidos multimedia) para después proponer un acercamiento reológico a la realidad digital que la logre abordar como una estructura física, dinámica, abierta y respectiva, en lugar de una visión ontológica o fenomenológica.
Partiendo del recorrido realizado en el Seminario internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso, pretendemos compartir el itinerario y primeros resultados de una investigación reológica sobre la complejidad de lo real. Para ello, después de una sucinta indicación metodológica de la vía de la investigación y de señalar la complejidad como asunto investigado, trataremos de responder si podemos sostener que la complejidad es un carácter de lo real, fundamentada en el dinamismo intrínseco de lo real, así como si esta res acusa una respectividad de las cosas, y un “más” que nos insta a investigar.
La inteligencia artificial ha ocupado un espacio privilegiado en el surgimiento de nuevas tecnologías en las últimas décadas. La presente conferencia tiene como propósito reflexionar en torno a la capacidad de las computadoras de convertirse en “agentes inteligentes» a través del uso de sistemas como machine learning o deep learning. Se revisarán desde una perspectiva reológica las dificultades de los postulado de la inteligencia artificial, según el cual las máquinas tienen la capacidad, a través del uso de algoritmos, de aprender y utilizar lo aprehendido en la toma de decisiones tal y como lo haría un ser humano, a luz del problema de la logificación de la inteligencia y la entificacion de la realidad.
La presente conferencia pretende continuar con aquella empresa anunciada en Antropología y reología. Comienza sintetizando algunos hallazgos allí expuestos; el experienciar y su fundamento en la condición estrictamente corpórea del humano. Luego, se lleva a cabo un análisis de su carácter corpóreo enlazándolo con el comportamiento, actividad por la cual el cuerpo está ya en un medio probando realidad, esto es, experienciando. Se plantea la exigencia de desestimar la noción behavouriana de comportamiento y las nociones tradicionales en las que «cuerpo» es mero vehículo entre estímulo y “mente”. Comportamiento no es el momento por el cual hay experienciar, donde cuerpo y medio son como elementos ajenos; más bien, comportamiento es el ya estar siendo del organismo humano en el medio en que es viable.
La triada modal de la estructuración distingue formalmente la extrastructuración, la conestructuración y la transestructuración en tanto modos de una única estructuración real. Ahora bien, además de afinar y afianzar las definiciones, deben asimismo aclararse otras cuestiones. El propósito de la sesión será, además de retomar las nociones fundamentales de la triada, el de afianzar las siguientes cuestiones: lo constitutivo y lo constitucional; lo ulterior y lo citerior; el campo “logal” y el campo “de efectividad”; la actualización y lo actualizado. En definitiva, se pretenderá concluir que el tipo de pregunta de investigación que se responde con este método es la de qué sistema/s, en virtud de qué dinamismos, se está actualizando en unas notas-de posicionadas de cierta manera.
La modalidad de re es habitualmente tratada dentro de la ontología analítica, que tiene a su disposición una herramienta: la estructura semántica bidimensional que se enfoca principalmente en la interacción de los conceptos (o el análisis conceptual). Desde ahí, reduce la realidad a objetos “puros”, es decir, no pretende, ni se lo propone, brindar una explicación a partir de lo que la evidencia empírica va mostrando en el camino investigativo, sino más bien ajustar el “mundo real” al de los espacios lógicos. Sin embargo, aquí presentaré una explicación diferente a cómo la modalidad debería recoger la estructuración dinámica de lo real. Mi propuesta pretende reconstruir y redefinir la modalidad de re a partir de tres elementos: la tríada modal de la estructuración, la estructuración cognitiva y la lingüística no conceptiva.
En esta indagación reológica se profundiza en lo que se entiende por masa a la luz del conocimiento científico contemporáneo, explicando la aparición de la masa y, por tanto, del espacio y del tiempo, en un universo inicialmente exento de ella. Se pretende concluir con que la aparición del tiempo y el espacio en el universo material es una consecuencia de una comparación entre dos estados de configuración diferentes y sucesivos en el proceso dinámico de transformaciones irreversibles que tienen lugar en las partículas elementales dotadas de masa. En definitiva, masa, tiempo y espacio son notas constitutivas de todas las realidades materiales que, por su carácter actual estructurado y estructurante, acusan una realidad dinámica y, por tanto, material espacio-temporal.
Suponiendo que el color sea real, y sea donde sea que ese color esté, si en la «realidad», en el ojo, o en el cerebro, y sosteniendo que ese color es una «cualidad secundaria» del objeto, se impone una pregunta: ¿Para qué está? Es decir, ¿Cuál es su función?
O al ser una cualidad secundaria del objeto, un accidente, no tendría ninguna función y habría que descartarlo de cualquier estudio sobre la «realidad», que es lo que se suele hacer.
O tiene alguna función que aún desconocemos.
El criterio general, incluida la Ciencia, a pesar de Newton, dice que cada objeto tiene un color, aunque eso no es totalmente correcto. Es apreciable a simple vista que a medida que el día pasa y sobreviene la noche, el color del objeto cambia, por tanto si bien cada objeto tiene un color, no es siempre el mismo. De esta manera no se puede asegurar qué color tiene un objeto sin acudir al tiempo y obviamente a la diferencia de luces, que es lo que dijo Newton: “el color es una frecuencia de la luz”, hace como 300 años.
Y ahora, a pesar de que los objetos no tienen color estable, podrían tener cualquiera y la “realidad” seguiría siendo la misma. Confirmamos así que el color no cumple ninguna función y que podría no estar, pues no habría diferencia alguna si el coche es rojo, o azul.
Sería diferente si no pudiera ver el objeto antes de ver su color. Que sea el color el que indica que hay un objeto. El color así pasaría a ser ya no una cualidad secundaria de un objeto, si no, el fundamento visual del mismo. Si no hay color, no hay objeto.
Esto a pesar de ser de lo más lógico es algo que nos resulta algo contra intuitivo, muy difícil de pensar.
Se ve que la intuición también es presa del demonio maligno cartesiano.
Un saludo