De la estructura de la inteligencia (parte I)

Notas de realidad

psicología

por Carlos Sierra-Lechuga
Madrid, España
9 de junio de 2021


El psiquismo se reduce a la estructura del comportamiento.
-Maurice Merleau-Ponty.


Mientras trabajaba con el psicólogo y pedagogo Alfred Binet, Jean Piaget calificaba algunos exámenes de inteligencia creados por aquél. En su labor, encontró en las respuestas algunos errores sistemáticos. Con la mente científica que se moldeó durante sus estudios biológicos, Piaget no se limitó a calificar burocráticamente las pruebas, ni tampoco a clasificar los exámenes bien respondidos y los no tan buenos. Todo lo contrario, encontró, durante una actividad netamente protocolar, relaciones entre partes aparentemente disímiles. Notó en los test de inteligencia patrones iterativos en las respuestas equivocadas, encontró errores sistemáticos. Si bien los errores en las respuestas de los niños eran similares entre sí, éstos eran distintos respecto de los de los adolescentes, y si los errores del grupo de adolescentes coincidían, tales errores no eran cometidos por los adultos, aunque éstos tuvieran los suyos propios.

La inteligencia es una estructura que no reposa sobre sí misma, es emergente.

Como es sabido, aunque hay algunos test de inteligencia que preguntan cuestiones de contenido informativo para medir ciertos grados de memoria, por ejemplo, el test de Wechsler, en general las pruebas de inteligencia, como las hechas por el propio Binet, son más bien de tipo formal, asociativo, de grupos, analógico, numérico, etc., por lo que los errores sistemáticos en las pruebas encontrados por Piaget no podían deberse a alguna causa exógena a la propia psique, como la educación o el nivel socio-cultural. Piaget lanzó su hipótesis: la inteligencia debe ser un proceso tempóreo de estructuración: la inteligencia es una estructura que no reposa sobre sí misma, es decir, es emergente. Si esto fuese así, entonces sería esperable que los errores en las pruebas dependan de las edades de los sujetos, toda vez que el desarrollo de unas estructuras estarían dependiendo de la consecución de estructuras previas.

Piaget, pues, se interesó por el estudio de esta psique y de sus procesos cognitivos, creando la llamada Psicología Genética, así como el Centro Internacional por la Epistemología Genética. Con ambos, intentaría encontrar las etapas en el desenvolvimiento de los procesos cognitivos que, a su saber, son por lo menos cuatro: la sensorio-motriz, la preoperatoria, la de las operaciones concretas y la de las operaciones funcionales o proposicionales. Hoy esto está bastante más estudiado y mucho más detallado, pero es relevante el haber puesto el énfasis en que la inteligencia no está dada de una vez y para siempre, sino que tiene una génesis. «Génesis» refiere, como es normal, al surgimiento o concepción de la psique, a un proceso tempóreo de tipo constructivo, estructurante. Así, creyó, si por hipótesis la inteligencia es emergente, habrá que estudiar el cómo de su emergencia, su desarrollo en función del tiempo. Se trata, pues, de una psicología evolutiva o una teoría dinámica del sistema psíquico.

Ahora bien, puesto que esta ψυχή (psyshe) consiste en ir estructurando la inteligencia (νοῦς, nous), podríamos decir nosotros que su psicología es una especie de noología genética que, al no pretender sólo describir los actos intelectivos (como la de Zubiri en su libro Inteligencia sentiente), sino fundarlos en sus procesos de estructuración (como la de Merleau-Ponty en su libro Estructura del comportamiento), es decir, al buscar fundar los actos en las acciones, podríamos continuar diciendo nosotros que esta psicología genética, como otras varias formas de la psicología experimental, es más bien un primordio de reología de la psicología o, mejor, de una noología reológica.


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¿En qué consiste la estructuración reológica de esa res llamada nous? Hemos de empezar con el concepto de acción. Vale decir que toda teoría seria sobre el psiquismo supone y necesita una teoría sobre la noción de cuerpo que, a su vez, supone y necesita una teoría de la materia -como decía Pedro Laín en Estructura dinámica del cuerpo humano. Para hablar, pues, reológicamente de la psicología es menester partir, al menos, de la biología y un poco antes, de la física. Por eso esta Nota comienza, siquiera brevemente, con la idea de «acción».

En el concepto físico de «acción» van involucrados la energía y el tiempo, por tanto, refiere a un proceso. La energía es la capacidad para realizar un trabajo, por lo que en toda acción hay un trabajo realizable por unidad de tiempo. Ahora bien, ¿realizable en virtud de qué? Toda acción es, digamos, una readaptación de un sistema ante ciertas condiciones; se actúa en virtud de reajustar un cierto «equilibrio» según una «estabilidad» acorde con esas exigencias condicionantes. La estabilidad de los sistemas dinámicos puede tratarse matemáticamente de distintas formas según ciertos criterios, por ejemplo, con el teorema de Routh–Hürwitz o con las ecuaciones de Liapunov. Y aunque «equilibrio» y «estabilidad» son nociones no idénticas (por eso puede hablarse de «equilibrio inestable»), podemos decir muy grosso modo que la estabilidad es «la capacidad de mantener el equilibrio». Digamos intuitivamente lo que la matemática nos dice: hay estabilidad en un sistema si todas las soluciones de una determinada ecuación diferencial que parten en torno a un punto de equilibrio se mantienen cerca de ese punto el resto del tiempo. Así pues, el equilibrio es un estado que pueden adoptar los sistemas; la estabilidad nos habla de la capacidad que tienen esos sistemas de permanecer en ese estado (de equilibrio) u otro, o dicho a la inversa, su capacidad de cambiar de estado. Pues bien, de todos los sistemas, nos interesan para el caso aquellos que se llaman «organismos«, esto es, sistemas abiertos y en concreto vivos.


Lee el artículo «Metafísicas del proceso, ¿precursoras de la reología? El caso de Whitehead, Bohm y Rescher» (2020) dando clic aquí


Si bien los organismos vivos no están en estado de equilibrio (con el ambiente), sí son estables. Como es sabido, cualquier sistema que actúe lo hace para «buscar» su equilibrio, por lo menos es normal (en el sentido estadístico de la palabra) que tienda a él. Todos recuerdan el segundo principio de la termodinámica: todo sistema cerrado, por ejemplo los adiabáticos, tiende a un estado de máximo equilibrio en virtud del cual no hay más intercambios ni de materia, energía o información. Mas si esto es así en esa clase de sistemas, en los sistemas abiertos puede mantenerse la organización a trueque de incrementar los niveles de entropía en el sistema mayor al que están incrustados -alcanzando, eventualmente, el mismo estado de equilibrio que los otros. Lo que es más, hoy se está pensando, siguiendo una «extensión» de mencionado principio, el llamado «principio de máxima producción de entropía», que, a fin de producir la mayor entropía posible, es menester organizarse. Organizarse disipa mucha entropía al entorno, por tanto, si se ha de producir la mayor entropía posible, una vía rápida para conseguirse es la organización local. Por tanto, y mientras tanto, lejos del equilibrio, los sistemas abiertos pueden mantenerse estables durante un cierto tiempo.

Pues bien, en el caso de los organismos vivos, que son todos sistemas abiertos, puede decirse que el organismo actúa, es decir, se readapta al entorno en función de su perseverancia como organismo, de su pervivencia. Esta acción del organismo, por su parte, «viene provocada» por el propio medio (externo o interno) que, en tanto que interactúa con él, lo «perturba». El organismo, mientras esté organizado, está continuamente organizándose, es decir, construye, prepara y repara sus condiciones de estabilidad en virtud de sus circunstancias. En esto consiste la acción, en conseguir estabilidad. En este sentido, toda acción es una reacción al desequilibrio. La acción es, pues, una organización, un ἔργον (ergon) en constante re-organización, ἐνέργεια (energeia).

Un turbelario muerde casualmente a una ameba y ambos reaccionan.

Por ejemplo, la homeostasis es justo una ἐνέργεια biológica, una cierta «energía», esto es, la realización de ciertos trabajos (ἔργα, erga) de un sistema de acciones de los organismos vivos para procurarse su estabilidad en medio de un desequilibrio con el ambiente en el que se intercambia información, materia o energía. Hay intercambio, pues, porque hay gradientes entre el organismo y el medio que posibilitan, lejos del equilibrio, que la organización dure lo que dura. Así, esta clase de sistemas actúan cogiendo elementos del entorno y disipando en él otros muchos. La acción busca la readaptación, busca estabilizarse como reacción a un desequilibrio generalmente provocado por alguna perturbación del organismo (sea endógena o exógena). En lo tocante a las perturbaciones provocadas por el medio, un organismo actúa porque el equilibrio entre estos (medio y organismo) está momentáneamente «roto» y es menester «repararlo».

Ahora bien, si esto ocurre con la acción, ¿qué hay con la acción de la psique o, mejor, de la nous? Pues bien, la psicología a este respecto, es decir, una noología reológica, no estudiaría cualquier acción de cualquier sistema, sino más bien las que llama acciones funcionales, esto es, las acciones de índole intelectiva incrustadas en las biológicas. Acciones que, como las de cualquier sistema, son reacciones a fin de conseguir nuevamente una estabilidad momentáneamente perdida sólo que, en este caso, la estabilidad es psíquica y las reacciones comienzan a dejar de ser meramente «estimúlicas». Y así como la fisiología estudia la función de los órganos biológicos, es decir su acción en la acepción ya comentada, así una psicología de este tipo estudia la función de la inteligencia y, en efecto, la primera función de la inteligencia es biológica. No hay, pues, «estructuralismo vs. funcionalismo», sino estructura funcional o función estructurante. A partir de lo dicho, ¿qué son las acciones funcionales y qué relación tienen con la conducta? Volveremos a Piaget y otros y te lo diremos en la siguiente entrega de esta Nota de realidad.


Autor:

Carlos Sierra-Lechuga, reólogo
Metafísico, investigador y profesor en el área de la filosofía fundamental en diversas instituciones españolas e internacionales. Doctor en Filosofía con mención Cum laude por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile) y Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Universidad del Claustro de Sor Juana (México). Director del Grupo internacional de investigación científico-filosófica Realidad y proceso. Fundador de Filosofía Fundamental. Miembro del Grupo de Investigación Evoluciones Metafísicas de la Universidad Central de Venezuela, de cuya revista, Apuntes filosóficos, es miembro del comité editorial internacional.
Áreas: metafísica, filosofía de la ciencia, teorías de la realidad.
En Filosofía Fundamental: filosofiafundamental.com/carlos-sierra-lechuga-reologo

3 pensamientos sobre “De la estructura de la inteligencia (parte I)

  1. Carlos, muy de acuerdo con tus comentarios, los organismos vivos no aumentan su entropia, a mayor organización menor entropía y eso es físicamente correcto por no ser sistemas aislados. Siempre me he preguntado si la acción de una inteligencia muy superior a la actual no conseguiría alterar la ley universal de la entropía si se consiguiera un sistema no aislado y un ámbito exterior, en una comunicación con otros universos, dentro de la teoría de los multiversos, por lo que no se daría la muerte térmica tan triste prevista para nuestro cosmos. Ciencia ficción claro. el hombre eterno extrapolado a escalas cósmicas, por medio de la permeabilidad entre los multiversos posibles. Seria una teoría para explicar la inmortalidad cristiana.
    Entiendo que el desarrollo de la inteligencia es claramente un desarrollo biológico que se produce en la relación del individuo que posee esa inteligencia con su medio, eso en el hombre desde las fases embrionarias, a las fases bucal anal genital etc que Freud describió llegando a la relación objetal con el medio en terminología de Freud, que en Zubiri sería su Aprehension primordial de realidad en su inteligencia sentiente. Pero me llama la atención que se considere novedad ese desarrollo de la inteligencia que además, al estar neurologicamente basado en la memoria, depende de la situación neuronal, llegándose a un óptimo y luego a una degradación.

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